20060614

Elementos Historiales en la Formacion de la Economia Municipal

Lic. Anderson Jaimes R.


La realidad histórico político territorial que hoy día conocemos como “Municipio Ayacucho”, forma parte de un área geográfica que a lo largo de los siglos ha sido habitada por diversas sociedades humanas que evolucionan y se transforman en el tiempo. Las mismas características paisajísticas que han hecho de la depresión del Táchira el paso obligatorio para cualquier movimiento migratorio, convierten a esta micro región en un punto de encuentro, en una unidad especial de cierta identidad propia.

LAS SOCIEDADES PREHISPÁNICAS EN LA MICRO REGIÓN “MUNICIPIO AYACUCHO”

El estudio de los pueblos aborígenes que habitaron el Táchira y especialmente los radicados en ésta zona de lo que hoy se conoce como Municipio Ayacucho, presentaron ciertas formas socio – económicas de organización con suficiente desarrollo como para desechar el mito de un primitivismo rampante (Vila, 1976). De hecho muchas técnicas de los primeros pobladores contribuyeron sustancialmente de forma voluntaria o no, al proceso económico de la colonia. Incluso hasta hoy día prevalecen muchos elementos indígenas en distintas actividades, especialmente las relacionadas con la agricultura.

Técnicas de riego en canales, cultivo en terrazas o poyos, instrumentos agrícolas (piedras de moler, arados, sistema de trilla, etc.), así como ciertas técnicas de construcción en piedra, son herencia aborigen. Los caminos indígenas marcaron y siguen marcando aun, las rutas para el traslado de una región a otra. En el territorio Municipal existen todavía numerosos vestigios dejados por las diferentes sociedades indígenas que habitaron el territorio Municipal. Tal ves lo más destacados y conocidos son los petroglifos que constituyen el testimonio más importante del número e importancia del doblamiento pre hispánico en la región.

Los grupos indígenas que poblaron este territorio constituían comunidades sedentarias agrupadas en Aldeas constituidas a su vez en familias o clases que se distribuían en pequeños conucos. Por ésta razón se puede decir que la agricultura jugó un papel fundamental en la organización social de estos grupos. Entre las especies cultivadas estaba el maíz, la yuca o mandioca, el ñame, el ocumo o turma, el apio o arracacha y la ahuyama o churí. En las tierras bajas de Rivas Berti recolectaron el cacao y aprovecharon los árboles frutales como el mamón, el aguacate, el guayabo y el vareniza (Vila, 1976), cultivaron también los frijoles así como la práctica de la caza y pesca. En las tierras altas de Vegones, Paraguay y Las Pilas, cultivaron la papa. Cazaban venados y aprovechan su piel para elaborar piezas de vestir y utensilios, testimoniando un conocimiento de las técnicas de tenería.

Los indígenas constituían sus cetros en territorios cercanos a ríos y quebradas. Sus viviendas se hacían sobre cimientos de piedra en los que construían paredes de palo o caña brava recubiertos con barro y con techos hechos con los penachos desprendidos de las innumerables palmeras. (Durán, 1999). Además trazaron para su defensa “una especie de fortalezas cercadas de palenque”, unos “grandes bohíos sobre cimientos de piedra” (Simón, 1987) cuadrados o rectangulares, pero también redondos, como los encontrados en la Aldea Caliche y cerca del camino hacia Guabinas.

Asociadas con sus sitios de habitación, los indígenas fabricaron objetos de arcilla. Toda clase de objetos domésticos, incluso ornamentos e ídolos fueron realizados por estos. Así mismo las armas rudimentarias en piedra, huesos y madera, como macanas, cuchillos, flechas, lanzas, arcos y cerbatanas; constituían elementos importantes incluso como de trueque, para el comercio con otros grupos.

Las familias constituidas en Aldeas formaban una sociedad conocida como Tribu, cuya identificación residía en lazos afectivos, familiares e incluso de orden religioso. Cada una de estas era regida por un Cacique quién ejercía el liderazgo, especialmente de tipo guerrero. Otra figura de gran relevancia era el Mohan o piache, quien cumplía funciones médico – sacerdotales dentro de la comunidad.

Sus creencias apuntan hacia la divinización de lo femenino como fuente de fertilidad la asociación de fuerzas naturales con elementos sobre naturales. Se destaca el culto al sol y la luna, posteriormente trasmutado en el culto de Arco y Arca. Hoy día aun se puede encontrar pequeños indicios de creencias indígenas, especialmente en la religiosidad popular, en los testimonios orales de leyendas y mitos y en algunas formas de ver el fenómeno religioso por parte de los campesinos de las Aldeas más remotas.

Las etnias que habitaron esta Comarca a la llegada del conquistador español, eran “los indios Guaramito, Teconequeas, Lorazas y Caconabecas o Cacunabecas que moraban en las serranías y cuencas de los ríos Lobatera y Guaramito; los cuales fueron reducidos a encomiendas sacados de su hábitat y llevados a poblar otros sitios (Castillo, 1992). Los datos que dan los indios Chinatos como pobladores originales de la región, son inexactos. Estos habitaban en el sur del Táchira, en la región del río Oirá, siendo traídos a mediados del siglo XVII hacia la zona de San Faustino.

Poblamiento colonial y su crisis en el periodo de la emancipación

En el año de 1548 ocurre el primer encuentro del español con el territorio Municipal. La expedición descubridora de Alonzo Pérez de Toloza, que venía desde el Tocuyo cruza parte del municipio marcando el inicio de una nueva época. (Castillo, 1987). Sin embargo las expediciones fundadoras y pobladoras ve4ndrían posteriormente del Nuevo Reino de Granada, especialmente de las ciudades de Tunja y Pamplona.

Durante el siglo XVI la población de origen español se acomodó en las tierras andinas Tachirenses donde los asentamientos humanos reproducieron los modos de vida de sus sitios de origen. Sus tradiciones alimentarias se fueron aclimatando con la introducción del trigo, la cebada, los frutales mediterráneos, los animales domésticos y las especies que lo alimentaron en España. Pero además se vieron enriquecidos por las especies autóctonas. Los colonizadores y sus descendientes criollos siguieron en su doblamiento las tendencias del doblamiento indígena pre hispánico, al aprovechar las mesas y otras terrazas fluviales, así como las zonas de poco relieve (Cunill, 1987).

“Poco a poco la convivencia de los colonizadores con los colonizados dio lugar a una transculturización recíproca, aunque más acentuada de parte del elemento blanco español” (Álvarez, 2005). Este proceso se cumpliría de una forma violenta ya que el Europeo siempre vio como inferior a la cultura indígena. Los primeros imponen su lengua, su religión, sus instituciones, leyes y discriminación a una raza cada ves más sometida. Dentro de este proceso se daría también un fenómeno que daría origen a un nuevo producto racial, el mestizaje.

Mestizaje

Esta palabra significa cruzamiento biológico entre individuos pertenecientes a razas diferentes y por extensión a la mezcla de culturas diferentes. En los Andes Venezolanos se refiere al hijo del español y una india y en términos más amplios a los descendientes de ancestros españoles en indígenas en algún grado. Así el mestizaje va a crear un nuevo orden racial que va a definir la estructura de la sociedad durante este período. (Fundación, 1988).

En un primer momento las consecuencias inmediatas del mestizaje originaría dos grupos raciales dentro del violento proceso de la conquista. El primero de ellos el constituido por el elemento blanco español, representado por los conquistadores que se arrogaban todos los derechos. El segundo grupo representado por los grupos aborígenes, considerados como seres inferiores a los que se sometía o simplemente se exterminaban.

El mestizaje produciría un nuevo elemento étnico – cultural que se uniría a la estructura ya existente. Así junto al blanco que se asienta en la comarca fundando haciendas, cultivando la tierra, sus descendientes y nuevos inmigrantes; y del indio sometido y esclavizado, nace el elemento mestizo. Este lo constituye el producto racial de la unión de blancos e indios, sin embargo su status social es similar al de la obra de mano esclava.

Para los primeros años del siglo XIX, durante los primeros momentos de la emancipación, la sociedad se había evolucionado hacia formas raciales complejas que pueden sintetizarse de la siguiente manera: elemento blanco español, representado por emigrantes españoles que representaban la aristocracia y eran los propietarios de las grandes haciendas. El elemento blanco criollo, los descendientes de conquistadores encomendaderos y quienes poseían riquezas pero no ejercían cargos de gobierno. El elemento blanco de orilla o los mestizos propiamente dicho provenientes de cruce de razas y que pese a ser considerados inferiores no se les daba el trato de esclavos. Y el elemento indígena transculturizado constituido por los descendientes de indígenas nativos pero sometidos a la cultura dominante; se encuentran ya en vías de extinción y a pesar de ciertas legislaciones que buscaban defenderlos eran tratados aún como esclavos.

Otro elemento racial de ésta época fue la población esclava negra. El Táchira durante los siglos XVII y XVIII fue receptor de esclavos negros provenientes del Sur del Lago de Maracaibo, como mano de obra de las haciendas de cacao ubicadas en el Municipio, en las tierras bajas de Guaramito. Sin embargo su número nunca alcanzaría la cantidad con que llegaron a otras regiones del país. En el norte del Táchira existieron negros esclavos que trabajaron en las minas de Seboruco e incluso, se conoce la influencia del negro sobre Antonio Arava acusado de mohan y yerbatero en sus labranzas de Umuquena y condenado a la horca en la Grita en 1717. (Moreno, 1994).

Características de la Sociedad Colonial Tachirense

La distribución global de la escasa población es muy contrastada, es decir que hay muy pocos habitantes y están muy mal distribuidos lo que se traduce en una sucesión de pequeñas áreas humanizadas con espacios en proceso de roturacion y colonización con áreas vírgenes. Así el territorio regional se constituye por muchos humanos separados entre sí, en ciudades, villas y pueblos distanciados por los páramos, valles encajonados y torrentes impetuosos que son frenos naturales para el poblamiento.

En los inicios del Siglo XIX los Andes tienen unas 61.500 habitantes de los 785.000 de la población venezolana (Cunill, 1987). Los pobladores de la depresión del Táchira buscan vías de comunicación que posibiliten la comercialización de sus productos en Maracaibo, por ello esta en una permanente conexión con los caminos y las vías fluviales que lo comunican con el Lago de Maracaibo. Este movimiento comercial es lo que va a convertir a San Cristóbal el dinamismo y jerarquía de ciudad, al encontrarse en una posición privilegiada que va a facilitar el intercambio comercial.

Pero el comienzo va apotenciar también al pueblo de Lobatera, una concentración de agricultores con gran sentido de autonomía. Sus pobladores extendían las labranzas y ganados hacia la Sabana de San Juan, sitio que hoy ocupa San Juan de Colón, habitado anteriormente por indios totalmente exterminados o sometidos en las encomiendas de Capacho y Borotá. Aquí existieron algunas casas de tamaño significativo que funcionaron como cabeza de grandes haciendas. Esto lo atestigua el cimiento encontrado en la población en donde aparece marcado en año 1775. Paralelamente en la región se dan también actividades artesanales mientras continúa el proceso de consolidación de las instituciones coloniales.

El poblamiento andino va a sufrir mucho en la guerra de emancipación. Durante ese periodo se sucedió la consumación de los recursos humanos y agropecuarios debido a que sus caminos sirvieron como tránsito guerrero en todas las direcciones. Hacia 1821 la población se había reducido a menos de 50.000 habitantes, es decir que en sólo 10 años se había perdido por defunciones o éxodos el 18% de la población. Ciudades y campos se ven destruidos a partir de 1821 los pueblos andinos se abocan a tratar de reconstruir sus recursos expoliados. Solo hasta 1825 no es que se observan los primeros síntomas de recuperación demográfica y económica con el aumento a 74.238 habitantes (Cunill, 1987).

San Juan de Colón como polo de desarrollo andino

Desde mediados del siglo XVIII fue surgiendo n los Llanos de San Juan un poblamiento cada ves mayor. Dos caminos trillados por la planta aborigen que se encontraban en esta meseta marcaron los sitios por donde comenzaron a crearse cada mes más casas y ranchos. El aumento poblacional tachirense y la organización comunitaria de los pobladores de este núcleo humano, originan la creación de una Parroquia Civil el 24 de Noviembre de 1831.

Un hecho fundamental para el logro de este status jurídico lo construye la creación entre los años 1826 y 1830 de dos escuelas de primeras letras,, la de varones y la de hembras, por parte del Pbro. Pedro José Casanova, cura interino de la Villa de Lobatera, así como la construcción de una Capilla donde este oficiaba misa frecuentemente. (Jaimes, 2006). Pronto el florecimiento de la agricultura Tachirense convertiría a Colón en un atractivo lugar al que llegarían nuevos pobladores.

El terremoto del 26 de febrero de 1849 marca el inicio de una migración de pobladores de Lobatera hacia San Juan de Lobatera. Es tal la influencia de este hecho que la misma Municipalidad de la destruida Capital del cantón, comisiona al Pbro. José Amando Pérez y a Pedro María Reina a trazar el nuevo urbanismo “La visión de futuro del levita y del civilizador darían forma a las calles rectas y anchas que abrieron con piedra y le dieron nueva vida al hasta entonces caserío” (Jaimes, 2006).

Para entonces la producción del café comienza a motorizar una productiva economía Tachirense. El café va a ser el elemento cohesionador de una identidad social particular. Este permite el incremento de la densidad demográfica, del poblamiento campesino haciendo posible el poblamiento de tierras baldías y el surgimiento de nuevos sectores sociales.

Para 1870 se vive el boom cafetalero convirtiendo al Táchira en una sociedad muy próspera. “En el Táchira no hay más hombres que puedan llamarse ricos, pero tampoco hay mendigos: cual más, cual menos, la mayor parte tiene tierras, hogar y cultivos que proveen a sus modestas necesidades y lo que es más, para todos hay ocupación productiva, hasta los más impedidos, en el beneficio del café” (Villafane, 1960). La producción cafetalera favorece la dispersión de la población, cada familia vive en su propiedad rural concurriendo al poblado más cercano sólo los días de ferias, para las actividades religiosas y para la compra de víveres.

Desde San Juan de Colón, por su situación geográfica como cruce de caminos que traían la carga cafetalera hacia los puertos fluviales se organizaba el traslado del producto por las complejas redes urbanas. Colón proporciona los servicios básicos a la población rural consagrada a la producción cafetalera, casas de grandes espacios sirvieron de depósito y almacén para las empresas comercializadoras que lo llevan a Maracaibo primero por vía fluvial y desde 1892 por el Gran Ferrocarril del Táchira. Este se extendería en 1900 hasta el territorio Municipal en la Estación Uracá y desde 1913 a la naciente población de Estación Táchira.

Esta bonanza de café logra mantener toda una gran red urbana en permanente gestación de una forma tan poderosa que las consecuencias destructivas del terremoto del 1875, que destruye totalmente a Colón y a otras poblaciones, son borradas rápidamente. Para 1883 ha había sido superado cualquier trauma y el colonense mantuvo una inquebrantable decisión de seguir asentado en su tierra de origen.

El fenómeno de la inmigración

La modalidad del café hace que entre los meses de septiembre a mayo se movilicen tráficos laborales de hombres, mujeres y niños de un poblado a otro para emplearse como jornaleros. Algunas familias incluso efectúan contratos largos como colonos. A partir de 1870 se acentúa la inmigración desde Colombia en tiempo de cosecha cafetalera ante la gran escasez de mano de obra en la región y el aislamiento de la misma hacia el resto del país. Estos colombianos se quedan en el Táchira disfrutando de los buenos salarios que genera la actividad, pronto se hacen propietarios y quedan establecidos con sus familias y allegados aumentan el número de pobladores. Pero además de jornaleros también muchos profesionales colombianos arribaron al Táchira atraídos por el progreso general de la región. En Colón se establecen especialmente, educadores y médicos colombianos que contribuyeron enormemente con el progreso social del municipio. Así mismo en San Félix la presencia neogranadina fue muy significativa.

De Europa atraídos también por el café, llegan comerciantes alemanes agentes de las grandes compañías comercializadoras, ellas se apropian de propiedades debido al endeudamiento de productores que no podían cancelar sus préstamos. Estas se establecen en San Cristóbal y Maracaibo pero pronto abren importantes sucursales en Rubio, Colón y Estación Táchira, como la casa Steinvorth y la Anderson Moller, La Brever & Moller y la Van Dissel & Rode.

Igualmente de Italia provienen comerciantes que pronto formarían parte de la sociedad colonense. Provenientes especialmente de las Islas de Olsa y Córcega hoy todavía escuchamos sus apellidos: Berti, Costa, Celis, Giusti, Croce, Anselmi, Paolini, Mazzei, Ricci, Laviosa, Guglielmi, Pagnini, entre otros. Los europeos contribuirían a la imagen de gran prosperidad que tuvo Colón, San Pedro del Río y Estación Táchira, sobre todo en la construcción de grandes casonas para sus comercios que fueron albergue del gran transitar de rostros y gentes diversas.

Al lado de ésta inmigración Europea hubo también una inmigración venezolana muy importante, especialmente de Maracaibo, Trujillo, Mérida y fundamentalmente de los llanos, quienes, vienen huyendo de la Guerra Federal y que hicieron grandes cosas por ésta tierra (Villamizar, 2006). Todos ellos fueron moldeando la sociedad que tenemos hoy en día.

Características socio – económicas en la actualidad

La decadencia del cultivo del café, originado por la crisis de los mercados internacionales y el cambio económico hacia un país petrolero ha producido la transformación económica del Municipio. Sin perder su vocación agrícola esta región ha asumido nuevos caminos hacia el progreso, desarrollando así una serie de Instituciones que hoy día son el cimiento de su construcción social.

Hoy en día el 88% de la población de nuestro Municipio se centra en San Juan de Colón, el 5% en la Parroquia San Pedro del Río y el 7% en la Parroquia Rivas Berti, dentro de una población estimada en el 2005 sobre 57.624 habitantes. La población Municipal muestra una proporción equilibrada entre el número de hombres, 50,8% de la población y mujeres 49,2%. La distribución por edades indica que el 57% se encuentra en el rango económicamente inactiva, es decir entre los 0 y los 14 años, un 38% y entre los 65 años y más, el 15% (Censo, 2000).

El Municipio Ayacucho se distingue por poseer una diversidad de recursos naturales y humanos que le otorgan ventajas para el desarrollo y dinamismo de las actividades económicas. El principal sector económico, por tener un mayor número de personas empleadas, el 56,30% de la población activa, es el terciario de bienes y servicios como educación, comercio, transporte, etc. Le sigue el sector primario constituido por actividades agrícolas y mineras con un 24,25% de la población y el sector secundario con un 14,45% de la población dedicada esencialmente a industrias metalmecánica y de construcción.

La actividad agrícola Municipal se basa en el cultivo de caña panelera, maíz, tomate, cambur, naranja, café y cacao. Destaca también la producción de carne de res y leche. La distribución espacial de las actividades agrícolas se concentran en mayor proporción en la zona montañosa de las Parroquias San Pedro del Río y Rivas Berti.

En Ayacucho también se han desarrollado actividades ligadas a la artesanía de cerámica y barro en pequeñas empresas familiares ubicadas en su mayoría en la Parroquia San Pedro del Río. También se pueden observar otras actividades productivas como la fabricación de textiles, de ataúdes y otros productos propios de la actividad metalúrgica. Sin embargo la prestación de servicios es la actividad que en mayor medida ocupa a la población, entre ellas están la educación básica y diversificada, la educación universitaria, el comercio y los servicios médico asistenciales que cubren las necesidades de gran parte de la zona norte del Estado. Igualmente se debe mencionar el sector de transporte que incluye las líneas de taxi, la circunvalación y las rutas extraurbanas y hacia distintos destinos. Es importante también el transporte de carga seca y de combustibles.

Hoy la sociedad de ayacucho presenta también unas características reflejadas en una encuesta realizada en el año 2005 por especialistas de la ULA – Táchira (Caraballo, 2003). El promedio de edad de la población es de 25 años, es decir, que la población se encuentra mayormente entre los 17 y 25 años. El nivel de ingreso mensual es de un 56% por debajo del salario mínimo mensual. El 84% de la población son Tachirenses, el 49% es nacido en el Municipio Ayacucho y el 16% viene de otras regiones. El 85% de la población tiene un nivel de educación secundario (Bachilleres).

Conclusiones

Hoy el crecimiento poblacional del Municipio es lento. El crecimiento urbano se ha determinado por el desarrollo de la infraestructura vial y por la capacidad de prestar los servicios públicos básicos, lo que ha inducido al desplazamiento de la población rural hacia los centros urbanos.

El principal sector económico es el terciario, pero la actividad económica que con mayor énfasis se realiza en el Municipio es la asignatura donde destaca la caña panelera, el café, las frutas y la ganadería. Por ello hoy día el mercado es el sitio donde existe el mayor movimiento productivo.

Sin embargo los nuevos tiempos han hecho ver el Municipio una nueva fuente de desarrollo económico y social: el turismo. Las potencialidades representadas por las bellezas naturales, escénicas y culturales hacen ver en nuestro Municipio el sitio para el desarrollo del turismo y la cultura. Son dos actividades que viene agrupando a un número cada vez mayor de personas y que hoy día constituyen el elemento fundamental de proyección de Ayacucho dentro y fuera de nuestras fronteras. Cualquier planificación de nuestro desarrollo debe obligatoriamente, tener en consideración estos nuevos sectores que constituyen hoy día una identidad fundamental para nuestro Municipio Ayacucho.

Bibliografía

Vila, Mora (1976). Notas sobre Geoeconomía prehispánica de Venezuela. Ediciones de la Facultad de Humanidades y Educación, U.C.V, Caracas.

Durán. R, (1999) Cultura Tradicional del Táchira. Conac – Funamu, San Cristóbal.

Simón, P. (1987) Noticias Historiales de Venezuela I y II. Academia Nacional de la Historia, Caracas.

Castillo, L. (1992) “San Juan Bautista de Colón, de Ayacucho y Sucre Almirante de lejanías Mariscal de voluntades”. En: Boletín de la Academia de la Historia. Nº 300, Tomo LXXV, Caracas.

Castillo, L. (1987). Elementos historiales de San Cristóbal Colonial. El Proceso Formativo. B.A.T.T., Nº 91, Caracas.

Cunill. P (1987) Geografía del poblamiento venezolano en el siglo XIX. Ediciones de la Presidencia de la República, Caracas.

Fundación Polar, (1988). Diccionario de Historia de Venezuela, Caracas.

Jaimes, A.( 2006). Crónica visual del Táchira. Municipio Ayacucho. Conac – Fototeca del Táchira, San Cristóbal.

Villafane, J. (1960) Apuntes Estadísticos del Estado Táchira, B.A.T.T., Caracas.

Villamizar, J.J. (2005) “1986, un momento especial para la historia del Táchira y de San Juan de Colón”. En: Sinopsis, Nº 1, Biblioteca Pública Herlinda de Arias, San Juan de Colón.

Caraballo, J. (2003) “Caracterización económica de los Municipios Fronterizos del Estado Táchira”. En: Aldea Mundo, año Nº 13, ULA – Táchira, San Cristóbal






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