20070326

ARMANDO REVERÓN EN

Lic. Anderson Jaimes R.

Director Galería de Arte El Punto

Un hecho muy importante y trascendental para las artes venezolanas, se ha venido desarrollando en estos primeros meses del año 2007, aunque sin las repercusiones que debería tener. Desde el 11 de febrero y hasta el 16 de abril el Museo de Arte Contemporáneo de Nueva York exhibe una retrospectiva del artista venezolano Armando Reverón (1889 – 1954). Esta es la primera exposición integral de un artista venezolano y la cuarta en la historia del museo (MOMA, por sus siglas en inglés) de un pintor moderno latinoamericano. Antes que Reverón estuviera el mexicano Diego Rivera, el brasileño Cándido Portinari y el chileno Roberto Matta.

Jhon Elderfiel es un conocido historiador de arte estado unidense y es el curador jefe del departamento de pintura y escultura del MOMA, fue el encargado de instalar los 100 trabajos que constituyen esta exposición de Armando Reverón. Dichas obras están distribuidas en cuatro salas; en la primera la exposición empieza con una representación de cuatro piezas de su serie de trabajos azules que datan alrededor de 1920. Luego una importante selección de paisajes monocrómicos de alrededor de 1930. en la segunda sala se representa sus trabajos figurativos de los años treinta. En la sala 3 los años 40 se hacen presente a través de los paisajes, dibujos y pinturas de las muñecas, algunos autorretratos y otros objetos que datan del 40 al 50 y que rodearon al artista en el castillete.

Esta exposición significa la presentación en uno de los más grandes e históricos centros culturales del mundo, del pintor venezolano considerado como el iniciador y más importante representante del modernismo en el país, uno de los más notables maestros de Latinoamérica y el último artista moderno de occidente. De esta manera se esta asentando un reconocimiento crítico y académico de la obra de Reverón dentro del arte moderno. El venezolano Luís Pérez Oramas se estrena con esta retrospectiva como el amador de arte latinoamericano del MOMA, afirma que definitivamente Armando Reverón tendrá un espacio ganado entre los genios del arte de la primera mitad del siglo XX.

Armando Reverón

Armando Reverón nació en Caracas el 10 de mayo de 1889, a los pocos años de nacido fue dado en crianza por su madre a un matrimonio de la ciudad de Valencia, los Rodríguez Zocca, quienes se ocuparon de su primera educación. Su tío abuelo materno, Ricardo Montilla, quien habría estudiado en Nueva York, lo instruye en el dibujo al natural y despierta en él su vocación artística. En 1902 sufre la fiebre tifoidea. En 1904 vive con su madre, Dolores Travieso, en Caracas y en 1908 se suscribe en la Academia de Bellas Artes donde será alumno de Emilio Mauri, Antonio Herrera Toro y Pedo Zerpa. Comparte con César Prieto la misma casa de vecindad, estudia con Raúl Santana y Manuel Cabré haciendo amistad además con Antonio Edmundo Monsanto y César Prieto.

Para esta época Reverón pinta cuadros religiosos y naturalezas muertas, siguiendo el tenebrismo propio de fines de siglo y cuyo ejemplo seguía siendo Cristóbal Rojas. En 1909 al producirse la huelga contra Herrera Toro, Reverón viaja a Valencia y pinta a su hermana de crianza Josefina Rodríguez, regresando a la academia a presentar sus exámenes de fin de curso. En 1910 realiza su primer autorretrato y al siguiente año expone junto a Rafael Monasterios.

Por intercesión de su maestro Antonio Herrera Toro, Reverón logra un pequeña beca de la Municipalidad de Caracas y emprende viaje a España, se dirige a Barcelona en cuya escuela de Lonja lo espera su compañero Rafael Monasterios. Participan en una gira estudiantil hacia Segovia donde visitan al maestro Zuloaga en su taller. Debido a la estrechez económica regresa a Venezuela y tras la venta de una propiedad materna regresa a España. En Caracas los intelectuales y artistas se agrupan bajo el recién creado círculo de Bellas Artes que con el tiempo se convertirá en el principal renovador de la crítica de arte en el país.

En Madrid estudia en la academia de San Fernando; la capital española deja una huella profunda en su espíritu. El universo de Goya lo cautiva mientras sigue estudios de dibujo con Moreno Carbonero, maestro de Salvador Dalí y en el taller del maestro Muñoz de Grain. En 1914 Reverón viaja a Francia por invitación de Clotilde Pietro de Daudat, esposa del pintor Fournier. En París visita museos y se reúne con pintores venezolanos como Carlos Otero y Tito Salas. Regresa a Venezuela a mediados de 1915.

En Caracas se incorpora al trabajo del círculo de Bellas Artes, participa activamente en él hasta su dispersión en 1916 producto del allanamiento gomecista de su local de Paguita. En ese año pinta al aire libre sus primeros paisajes resueltos bajo la tonalidad azul. En ese año el pais recibe la visita de los artistas europeos el rumano Samys Mutzner y el ruso Nicolai Ferdinandov, el primero ligado al impresionismo y el segundo al simbolismo y Art Nouveav. De los dos es Ferdinandov quien congenia mejor con el temperamento neurótico de Reverón. En 1917 muere su hermana de crianza y toma la decisión de no volver a Valencia. Se instala provisionalmente en la Guaira donde da clases de dibujo. Durante unas fiestas de carnaval conoce y pinta por primera vez a Juanita Mota, en adelante su modelo e inseparable compañera. Reverón y Ferdinandov conviven un breve tiempo en punta de Mulatos cerca de Macuto. En 1918 se salva de la fiebre española.

Desde 1919 y hasta 1921 Reverón pinta alternativamente en Caracas y el Litoral muestra en el 19 algunas pinturas junto a Rafael Monasterios en la Academia de Bellas Artes. En 1920 vuelve a exponer junto a Monasterios, Ferdinandov, Federico Brandt y Antonio Edmundo Monsantos en la Universidad Central. En 1921 decide instalarse en el Litoral viviendo en un rancho de paja en el sector “Las quince letras”. Poco después de la partida de Ferdinandov a Curazao, Reverón se muda y comienza la construcción de “El Castillete”, que le servirá de morada el resto de su vida.

Esta decisión se encuentra ligada a un cambio de conducta y a una transformación de sus conceptos artísticos:

“Al adoptar hábitos primitivos desvinculado de la ciudad, Reverón pudo desarrollar una percepción más aguda de la naturaleza y esto lo llevó emplear un método de pintar, así como a adoptar procedimientos y materiales que se adecuaban a su afán de representar la atmósfera del paisaje bajo efectos del deslumbramiento producido por la luz directa del sol. Creó valores cromáticos e ideó nuevos soportes, utilizando elementos autóctonos” (Calzadilla, 1992).

Los temas también se van haciendo más exclusivos de su entorno, alternándose sin embargo, ente las marinas al aire libre y las figuras femeninas, siendo siempre la modelo Juanita. Dicha alternancia pervive a lo largo de su trayectoria y sólo se introducirán dos variantes: las escenas de trabajo del muelle y las muñecas.

Entre 1919 y 1924 su pintura se caracteriza por un predominio de las tonalidades azules, por ello el crítico Alfredo Boulton llamó a este periodo como “azul”, siguiendo el modelo adoptado para la pintura de Picasso. Pero hacia 1924 logra desprenderse de las viejas influencias aferrándose cada vez más a un estilo de vida primitiva.

Desde 1924 y 1932 se ubica su “época Blanca”, caracterizada por la eliminación gradual de los pigmentos de color y el empleo de figuras con base de temple preparadas por él mismo y trabajadas sobre soportes de coleto (Inciba, 1973). Busca así retratar sólo la luz integrando el soporte como color y como textura. Las imágenes de este periodo parecen producto del encandilamiento donde las figuras son silueteadas a la inversa, como un negativo, es decir que las pinceladas de luz son las determinantes en sus contornos (Esteva – Grillet, s.f.). en 1933 se le realiza un primer reconocimiento a su obra mediante la exposición en el Ateneo de Caracas y al año siguiente en la Galería Granoff de París. A comienzos de 1940 inicia su “período sepia” al que corresponde un conjunto de lienzos pintados en el litoral y en el puerto de la Guaira, caracterizados por los tonos marrones del soporte de coleto convertidos en el valor cromático más característico de la composición. Este período va a coincidir con una primera y honda crisis psicótica que ameritó atención médica psiquiátrica y su reclusión en el sanatorio San Jorge, del Dr. José María Báez Finol.

Recuperado de la crisis deja de pintar al natural y se refugia en un universo mágico entorno a objetos y muñecas creadas por él. Usa insistentemente su propia imagen, bautiza sus muñecas con nombres propios: Graciela, Isabelita, Niza; crea el rito de pintar amarrándose fuertemente la cintura, calentarlos músculos y taparse los oídos y utiliza a su mascota: el mono pancho, para llamar la atención de los turistas. Se origina así la última y delirante etapa expresionista y figurativa de su obra, caracterizada por el empleo de materiales dibujísticos, tizas, pasteles y creyón, así como la fantasía teatral que se tornaba incontrolable pero en el dibujo aspiraba la corrección académica. En 1942 la muerte de su madre lo introduce en un nuevo estado depresivo, disminuye su producción pero paulatinamente retoma la serie de los paisajes, portuarios. Cabré y Monsanto intervienen en 1945 a favor de su tratamiento psiquiátrico en vista de su deterioro físico y anímico.

La última etapa de Reverón iría desde 1945 hasta su muerte y puede ser vista como el progresivo descubrimiento de su valor por parte de la crítica y el público. En 1949 la juventud vanguardista le rinde homenaje mediante la exposición organizada por Alejandro Otero en el taller libre de arte. Pero en 1953 le sobreviene la última de sus crisis y es internado nuevamente en el sanatorio San Jorge en San Bernardino. Ese mismo le es conferido el premio nacional de pintura en el salón oficial. En el sanatorio realiza sus últimas obras al pastel cartón, retratos de pacientes y escenas interiores, trabajaba con esmero para una exposición en el Museo de Bellas Artes cuando le sobreviene la muerte el 18 de septiembre de 1954. Sus restos fueron velados en la sede del Museo de Bellas artes donde al siguiente año se inauguraría una retrospectiva con más de 400 obras.

La presencia de Reverón

El castillete de Reverón mantuvo hasta 1972, año de la muerte de Juanita, todo el ambiente diseñado por el artista; en 1974 se abre al público como museo hasta su desaparición en los desastres que sacudieron el Litoral en el año 2002. Sobre Reverón se ha realizado un sinnúmero de producciones bibliográficas en torno a su vida y a su obra. Alfredo Boulton ha sido su crítico más importante y sobre él emite el siguiente juicio.

“Dentro del momento plástico mundial que le tocó vivir y dentro de su determinada tendencia pictórica, su aporte es de mayor atrevimiento, de mayor osadía que de cualquier otro pintor venezolano anterior a él. En ese sentido se apartó de toda rutina, de todo comedimiento, de todo conformismo, y creó una expresión genuinamente propia que a veces recuerda vagamente –casi parecería involuntario- alguna época de un impresionista de un francés y llega hasta traernos a la mente el cromatismo y soltura de rasgos de cierto pintor inglés del siglo XIX. La teoría creada por él está basada en un fundamento distinto al de los ostentados por Monet, Sisley o el propio Turner. Para Reverón el cromatismo del paisaje a veces es de importancia relativa y lo que sólo vale es el color de la luz y de sus efectos; de sus juegos. El problema luz – color tan unido y ligado en otros, en Reverón es analizado, estudiado y resuelto separadamente, llegando a la conclusión que tan sólo hay un color determinante que guía y dirige a los otros –como a través de un prisma- y es el que determina y resuelve la tonalidad y el juego de los valores”. (Boulton, 1979).

Por su parte el crítico y novelista cubano Alejo Carpentier había escrito:

“Armando Reverón solía conducirnos a su mundo propio, a su metodología creada con elementos humildes, cotidianos (salvo en la etapa reciente, en que mostraba cardenales escuchando música de cámara; evocación de un pasado fantasmal, tan presente, sin embargo como sus paisajes y desnudos de otros años) a los que transfiguraba con una visión solar, americana, de todo lo existente. Los cuadros de Reverón siguen vivos en nuestra retina. Son mujeres de ocre, misteriosas, inquietantes como criaturas de noche sorprendidas por el gallo mañanero, disipador de sortilegios; sus costas de Venezuela, reducidas a deslumbrantes armonías de blancos; sus talleres habitados por una humanidad reducida a sus valores de claridad y de sombra, son la obra de un gran pintor, creador de mitos, constructor de un mundo plástico que le pertenecía por entero y entrará a formar parte de la gran tradición plástica venezolana (Inciba, 1973).

Varios cineastas, en diferentes oportunidades filmaron a Reverón ya sea en su proceso de pintar o en su documento humano: Edgar Anzola, Roberto de Lucca, Margot Benacerraf, Carlos Augusto León, Bolívar Film, Ángel Hurtado, Carlos Contramaestre, Diego Rizquez, Joseph Fabry. Además su obra y figura ha inspirado espectáculos musicales y teatrales, existe además un importante archivo de imágenes captadas por Boulton y Victoriano Ríos. En definitiva su vida consagrada al arte lo han hecho el artista venezolano más emblemático, de hecho la fecha de su nacimiento es celebrada como el Día del Artista Plástico Venezolano.

“Reverón radicaliza los postulados post impresionistas y ejecuta un código plástico absolutamente original. Reverón cambia de estilo, dramatiza el paisaje, hace de su entorno y de su cuerpo parte de su obra, incursiona en la escultura por medio de un material blando como textil con una serie de muñecas, con lo que ampliaba la noción del creador a límites desconocidos, a formulaciones que sus coterráneos asimilaban con suma dificultad. Con sus autorretratos hizo de su rostro una de las mitologías de la pintura venezolana… Reverón establece un lenguaje plástico personal con lo que libra al arte de toda inmediatez… Reverón reafirma constantemente la conciencia de libertad que es el primer distintivo del arte contemporáneo”. (Palenzuela, 2001).

Boulton, Alfredo (1979) Reverón, Ed. Macanao, Caracas.

Calzadilla, Juan (1992) “Armando Reverón”. En: Diccionario de Historia de Venezuela. Fundación Polar, Caracas.

Esteva – Grillet, Roldán (s/f) Siete Artistas venezolanos del siglo XX. Museo de Arte Moderno de Mérida, Mérida.

Inciba (1973). Diccionario de artes Plásticas en Venezuela, Armitano Editores, Caracas.

Museo de Arte Contemporáneo (1989). Reverón en cien años de pintura, Guía de estudio Nº 89, Macsi, Caracas.

Palenzuela, Juan C. (2001). El arte en Venezuela 1818 – 1958, Fundación Banco Industrial de Venezuela, Caracas.

Pérez Oramas, Luís. (1997). Mirar furtivo, Conac, Caracas.






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