20070325

DE CÓMO LA CULTURA NOS CONVIRTIÓ EN PUEBLO

Lic. Anderson Jaimes R.

Director Galería de Arte El Punto

Una de las formas para entender el sentido del devenir histórico de los pueblos, para explicar quienes somos, de donde partimos y a donde hemos llegado, es a través de las manifestaciones culturales. Estas van señalando la forma en que se ha ido formando la convivencia colectiva, que crea en un conglomerado humano, un sentido de pertenencia particular. A través de hechos, momentos, personajes, libros e iniciativas, se puede comprender nuestro crecimiento como pueblo.

Si bien es cierto que los grupos aborígenes que habitaron estas tierras han dejado testimonio imperecederos a través de los numerosos petroglifos que se encuentran a lo largo y ancho del territorio municipal, de procesos de identidad y permanencia a determinadas formas de organización, no es sino hasta la llegada de los españoles cundo comienzan a ocurrir las profundas transformaciones que originan un característico proceso cultural. En 1549 la expedición de Alonzo Pérez de Toloza cruza la parte norte del territorio municipal. La imagen proyectada en las pupilas españolas son de una extrañeza admirativa, una vastedad natural que trata de ser explicada recurriendo ala mitología clásica revalorizada en el renacimiento, codificándola a través de narraciones épicas o de leyenda.

La conformación de la sociedad colonial comienza a darse entre los siglos XVII y XVIII y es de éste periodo de donde proviene la primera mención documental de la futura San Juan de Colón. En el año de 1634 la denominada Sabana de San Juan es adjudicada a Rodrigo Sánchez de Parada, regidor perpetuo de San Cristóbal, hijo y nieto de conquistadores de dicha Villa.

Durante este período no sucedieron acontecimientos que hallan sido dignos de señalar por los cronistas de la época. El desarrollo cultural fue entonces bastante lento, pero más profundo y totalizador. La lucha contra indígenas rebeldes, la pugna de la hegemonía entre familias, la disputa contra autoridades peninsulares en defensa de los intereses locales, la apertura de caminos, los conflictos entre la religiosidad mágica y la evangelización cristiana, la implantación de un sistema agrícola ganadero y el proceso irreversible

del mestizaje van marcando la época. En lo que es hoy el Táchira se institucionaliza el contrabando y el soborno y las leyes de indias no tiene ninguna incidencia sobre esta realidad.

Lo barroco fluye de la cotidianidad de los pueblos, en su vida social y en su psicología colectiva. Este barroquismo se traduce en una existencia vitalista y de extrema tensión donde lo hiperbólico es lo común. El engreismo y la hostilidad produce muchos enfrentamientos entre el producto central de la existencia barroca: las castas.

Las reflexiones que se producen en los conventos franciscanos que se desarrollan en territorio tachirense se orientan por la filosofía escolástica, tanto en su forma tomista como escolista. Sin biblioteca y desde la soledad intelectual más exasperante los misioneros meditan con formulas y apotegmas sobre las cuestiones metafísicas más abstractas. Sólo a partir de 1780 se impondrá un pensamiento más moderno, penetrado tímidamente por la ilustración y las ciencias. Esto daría origen a los misioneros que asumen la antropología y la naturaleza como objetos de investigación o reseña.

No existe testimonio de una fundación de pueblo español sobre esta meseta, de ahí que hagan suponer la existencia de rancherías ligadas sólo a la producción ganadera y agrícola. De hecho la arquitectura de esta época refleja gran sencillez y practicidad. La lejanía de los centros de vida intelectual no impide que se den fenómenos que tienden hacia la búsqueda de un pensamiento parta la acción.

Se llega así a un siglo XIX donde toda la estructura colonial entra en una profunda crisis. El proyecto de nación va a dar origen ala guerra de la independencia que usa este territorio como punto estratégico de vigilancia de uno u otro bando, denominado la vigía. Pero paralelo a los hechos bélicos surge la comprensión de que la independencia no sería liberadora mientras no se desembarazara de la educación colonial y se le diera un nuevo sentido a la libertad a través de una nueva identidad latinoamericana.

Sobre estas premisas: libertad, nuevo contenido educativo y aspiración cultural, comienza a gestarse los procesos organizativos de nuevos pueblos. Así las rancherías de la colonia comienzan a formar una estructura organizada en esta Sabana de San Juan. Por ello se puede afirmar que el antecedente del reconocimiento jurídico de San Juan de los Llanos como Parroquia Civil de San Juan de Lobatera tiene un componente estrictamente cultural.

La génesis del pueblo se da en torno a una iglesia y una plaza que marcarían el centro de un poblado nacido en torno de dos senderos indígenas convertidos en camino españoles. De los estantillos de madera y varas de caña brava amarradas con bejucos sobre cimientos de piedra, donde habitaban los pueblos conquistados, se pasó a los ranchos de paja y barro de los primeros siglos español y mestizo. Ya en esta época el barro y la teja van configurando una pequeña población con grandes inquietudes.

Sobre un pueblo que forma parte de una nueva nación, se posan los ojos de los que saben que el futuro de ésta depende de la educación y cultura. El Pbro. Pedro José Casanova, párroco de la Villa de Lobatera fundaría en 1326 y 1830 dos escuelas para primeras letras, una para hembras y otra para varones. Este levita sería también el precursor de la creación de la parroquia civil.

El 29 de noviembre de 1831 es cuando la Diputación de Mérida emite la Ordenanza que creó la Parroquia civil en el caserío de San Juan de Los Llanos o Llanos de San Juan. Un hecho que se dio gracias al desarrollo cultural y educativo de los habitantes de entonces.

De esa primera semilla de cultura colonense, continúa creciendo un pueblo que asume en la educación el modo de progresar hacia los nuevos tiempos. De esas escuelas del padre Casanova nacerían los nuevos maestros que continúan enseñando incluso en sus casas particulares.

Para los primeros años del siglo XX había en el pueblo, elevado a la categoría de Distrito en 1872, dos colegios particulares, dos escuelas nacionales y una escuela federal. Por otro lado el aporte de la inmigración europea, especialmente la italiana, introduce nuevas realidades culturales en la población.

En éstas escuelas de finales del siglo XIX y albores del XX comienza a germinar las manifestaciones culturales que se vienen desarrollando ininterrumpidamente. Las artes escénicas: teatro y danzas, son comunes en las fechas patrias y festividades tradicionales formando parte de la actividad escolar.

La música, integrada desde hacía mucho tiempo a las festividades populares, recibe un apoyo institucional en 1904 cunado el Concejo Municipal crea el cargo de Director de la Banda Ayacucho. Desde hacía tiempo su primer Director, Román Sosa, dirigiría la primera escuela de música de la ciudad que funcionó en su propia casa de la calle 4 con carrera.

Un grupo de pintores y escultores se formaban en el taller de Salomón J. peña, experto retratista, paisajista y decorador, quien sería el maestro de un grupo de artistas plásticos que se extenderían por toda la geografía del occidente del país. La escritura se reforzaría con la inmigración europea, especialmente italiana. Nuestros camposantos tienen bellísimos testimonios de esto.

Proveniente de Europa y en los vagones del ferrocarril del Táchira llegarían las cámaras fotográficas y con ella los estudios fotográficos donde el estudio de la luz y los contrastes originaría verdaderas obras de arte sobre una técnica novedosa en la región.

Desde 1892 se publican periódicos en la ciudad. Sin embargo del año 1888 es la primera publicación hecha y referida a la realidad colonense relacionada con la construcción del camino a Puerto de Guamas. Para 1909 Juan Guglielmi publica su novela “Dos Hallazgos” donde utilizaba la perífrasis “ciudad de las palmeras” para referirse a San Juan de Colón.

Es tal la cohesión como pueblo que logró todo este avance cultural que en 1920 se produce un hecho inédito en la historia americana como lo es el movimiento de respuesta que originó el enterramiento de la piedra del mapa. El pueblo colonense defiende su patrimonio arqueológico retando la oscura dictadura Gomecista representada en el Táchira por el temido Eustaquio Gómez, Ceferino Chacón encabeza esta defensa hecha por más de 90 colonenses.

Así la cultura fue creando las condiciones de desarrollo de la ciudad. al comité pro cultura pertenecían quienes traerían la nueva ocasión educativa de esta. Desde la primera biblioteca hasta un órgano divulgativo orientado al rescate de la historia y tradición, esta organización reforzaría la identidad colonense en un época de profundas transformaciones debidas al proceso de modernización.

Sin embargo este proceso traería una ruptura que sería interesante estudiar con mayor profundidad y es cuando el educador abandona su papel de agente culturizador por el repetidor de aprendizajes. Esta división entre educador y cultor alejó las actividades culturales de los centros de enseñanza como prioridad fundamental, pasando a un segundo término o actividad complementaria.

Afortunadamente este fenómeno llegó tarde al liceo Tulio Febres Cordero, posteriormente Unidad de Educación Media, donde se formaría la semilla de este movimiento cultural que desde los años 80 y 90 ha fortalecido, gracias a una serie de instituciones formadas por los mismos creadores, como los grupos de teatro, el Grupo Juvenil Monseñor Buitrago y la Fundación de Artitas Colonenses.

Esta misma dinámica exigió por parte del gobierno municipal la creación de una Institución que se encargara de orientar la política cultural municipal mediante el apoyo a las instituciones artístico culturales existentes y a consolidar y rescatar los espacios de la nueva sede de la Casa de la Cultura Pedro Antonio Ríos Reina que desde su culminación en los 80 no había cumplido cabalmente con ser la sede de la cultura colonense. El 20 de marzo de 1997 se crea, mediante Ordenanza del Concejo Comunal de Ayacucho, el Instituto Autónomo Municipal de la Cultura.

El trabajo de éste Instituto a lo largo de estos 10 años ha sido muy importante para la consolidación del movimiento cultural colonense y es hoy San Juan de Colón el espacio de un intenso movimiento cultural que en pocas ciudades del país se puede encontrar con tanta intensidad. Artistas, intelectuales, así como importantes instituciones de gran proyección son testimonio de esta realidad que salta a la vista. Hoy más que nunca debemos ser conscientes que esto puede ser la semilla de hechos y tiempos mejores, de la misma manera como hace 175 años la cultura fue la génesis de nuestra presencia como pueblo reconocido en el panorama nacional como Parroquia Civil. Y al igual que entonces tres elementos deben marcar nuestro camino hacia el futuro.

1.- Dar contenido al futuro, definir que queremos ser, cual es nuestro proyecto como pueblo.

2.- Dar un contenido a la educación, reforzando los aspectos que contribuyan a reforzar nuestra identidad y nuestras potencialidades.

3.- Dar un contenido a la cultura, reforzando las Instituciones, apoyando los artistas e intelectuales, promoviendo el acceso a esta, valorando lo que somos.

Los pueblos se reconocen mirándose en su historia, muchas veces contradictoria. Nuestra historia local nos muestra el papel determinante de la cultura en nuestro propio desarrollo. Y es que sólo la cultura, entendida como organización, disciplina interna, posesión de valores, conquista de una conciencia trascendente, no puede dar el perfil como pueblo que nos permita encarar nuestros retos. La cultura nos hace comprender y valorar el trabajo como fuente de progreso, la ética y los valores como paradigma de conducta, es ésta quien orienta el sentido del ocio y la fiesta como momento de integración. La cultura crea formas y actitudes de solidaridad y nos sensibiliza ante el paisaje y los símbolos de nuestra cotidianidad.

Y es que la cultura es algo profundo, es cultivo, desarrollo, crecimiento y maduración. Por la cultura, desde hace 174 años somos un pueblo.








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