20070616

HUELLAS DEL PASADO. UNA APROXIMACIÓN AL PATRIMONIO CULTURAL

DEL MUNICIPIO AYACUCHO DEL ESTADO TACHIRA

Msc. Reina Consuelo Rosales

Docente Universidad del Zulia

Conocer nuestro pasado, sus glorias y amarguras

vivimos el presente, proyectamos el futuro

y empezaremos a entender, cuán valiosos

son nuestros ancestros, para sentirnos

orgullosos de nuestra identidad tachirense.


Uno de los hechos significativos que palpamos en nuestra región, es la importancia que se está dando al Patrimonio Cultural desde los primeros años del siglo XXI en Venezuela, como parte de un proceso de democratización de la cultura y de conceptos que nos van a permitir avanzar hacia el crecimiento de la inteligencia social, en la que, se reconozca la capacidad que tienen los Pueblos para comprenderse a sí mismos, valorar su “ser pueblo”,su relación consigo mismo y los otros, y entenderse como seres humanos dinámicos y creativos. En este sentido, la nueva Ley o Reglamento del Patrimonio Cultural nos permite iniciar un proceso de redefinición conceptual, dando inicio a planes y programas que permitan la generación de nuevos escenarios de participación fundamentalmente para los propios integrantes de los pueblos y sus comunidades. Sumado a ello, nos va a permitir escenarios de encuentro con lo que se “es” intelectualmente, es decir, el esfuerzo de aprender a mirarse a sí mismo, reconocer su sentido de pertenencia y de imaginar futuros con sentidos comunes. Los horizontes de esta mirada son la aceptación de ser un pueblo, y de crear la instancia de construir aquello que imaginamos como futuro: más que ver cosas, es el aprender, educar la mirada social. A través de la conciencia de lo que se ha sido, en definitiva, el gran esfuerzo de poner la historia por delante, es lo vivido, lo aprendido y lo que tenemos como conciencia de ser y de pertenecer a una historia en común. Por ello, una de las direcciones adoptadas para desarrollar parte de nuestro patrimonio cultural es aproximarnos a través de las evidencias materiales o restos fósiles, legado por los pobladores que posiblemente habitaron esta región y, que hoy presentamos en la muestra arqueológica “HUELLAS DEL PASADO”, con motivo de las “III Jornadas de Historia Local”. Nuestro propósito es tratar de reconstruir el desarrollo de una cultura, de la cual no se tiene registros escritos accesibles o existen muy pocos. Para ello, nos hemos planteado algunas hipótesis: ¿Quiénes fueron los grupos étnicos que habitaron el actual Estado Táchira? ¿Dónde y cuándo vivieron? ¿Qué vestigios o huellas nos dejaron? ¿Cuáles fueron los grupos étnicos que poblaron el territorio que hoy ocupa el Municipio Ayacucho? ¿Qué relaciones establecieron con otros grupos étnicos? ¿Cuál es su legado?. Para responder a estas hipótesis fue necesario realizar un minucioso análisis comparativo, revisamos cuidadosamente el material arqueológico disponible en museos venezolanos y en nuestra colección privada, completando con información etnohistórica y lingüística. En estos espacios es posible encontrar una síntesis de valores y símbolos que los pobladores han creado con el fin de preservarse en el tiempo y alimentar la memoria. Legados que han logrado sobrevivir de la destrucción, el despojo y la apatía, hoy representa parte del patrimonio cultural de esta región.

La presentación de la Muestra “HUELLAS DEL PASADO”, viene actualizar nuestros conocimientos sobre este invalorable Patrimonio de la cultura venezolana. Al ofrecerla al público, estamos dando un paso más en la consecución de nuestra misión de investigar, conservar y difundir parte del patrimonio cultural de esta región, la cual es portadora de información simbólica sobre el sentido de pertenencia.

UNA APROXIMACIÓN AL PATRIMONIO CULTURAL DEL

MUNICIPIO AYACUCHO

El Municipio Ayacucho está situado al noroeste del Estado Táchira, limitando con la vecina república de Colombia por el oeste; por el este limita con los municipios Antonio Rómulo Costa, Seboruco y Michelena; por el norte con el Municipio García de Hevia y por el sur con los Municipios Michelena y Lobatera.

La capital del Municipio Ayacucho es San Juan de Colón, ubicado al sureste del Municipio. Actualmente el Municipio está conformado por dos parroquias y 26 aldeas.

Para la época de la “conquista” española habitaban en estas montañas, valles y llanuras de más de 484Km2 de superficie, numerosos grupos étnicos independientes unos de otros, aunque existían en algunos de ellos afinidades en el lenguaje y costumbres; sin embargo constituían naciones etnográficas distintas políticamente.

Las naciones o grupos étnicos que poblaron el área que actualmente comprende el municipio Ayacucho fueron: los Chinatos, los mal llamados Motilones[1], los Giros y los Uribantes

Estos grupos étnicos se subdividieron en pequeños grupos o subgrupos:

Los Motilones en: Apones, Oyraes, Uracaes, Suáchicas, caquetrías, Tinacoas, Suanejos, Umuquenas, Yeguines, Seborucos, oroes, Morotutos, Pararies, Taras, Tukukos y Ariguaisas, entre otros.

Los Chinatos se subdividieron en: Mombunes, Carapos, Tororos, Guásimos, Sorcas,Tucapées, Borotáes, Lobatos o Lobateras, Tononóes, Chiriquíes, Churuníes, Barbillas, Quinimaríes, Táchiras, Cucuchicas yTaribas entre otros. Giros y Uribantes, en: Pregoneros, Queniqueos, Veriguacas, Tamacos, Caparos, Guaneros, Orués, Sarares, Guanaguáes y Guachibas.

Los Chinatos y los mal llamados Motilones fueron los grupos étnicos más belicosos y valientes encontrados por los españoles; los cuales hicieron resistencia a la “conquista” para no ser sometidos a las encomiendas. Dominaban las vertientes de la Cordillera Andina y tierra llana del Lago de Maracaibo hacia el sur y suroeste, desde la cabecera del río Chama hasta la serranía de Ocaña (Colombia)

Sus armas ofensivas y defensivas fueron: arcos, flechas, dardos y macanas.

Del árbol caimito fabricaban estos grupos étnicos, sus arcos; y las cuerdas eran fuertes elaboradas de fibras de textiles, fiques o nervios de animales. Los Chinatos, Motilones y Giros, se vieron en la necesidad de envenenar las flechas para su defensa personal y el de su familia, para poder defenderse de los invasores de sus pueblos y tierras. Los Chinatos, fueron grupos étnicos belicosos que se opusieron a la conquista, desde el tiempo de las entradas de Juan Pérez de Tolosa y Rodríguez Suárez, pero fueron combatidos por Juan Maldonado, destruidos unos y sometidos otros a las encomiendas.

Grande es la antigüedad del nuevo mundo y de los nativos que se hallaron en este continente, donde se ha comprobado a través de investigaciones que la antigüedad de nuestros aborígenes datan de la época cuaternaria, donde probablemente coexistieron con grandes mamíferos. En esta región tachirense se reseñó por un Diario de circulación “El Nacional” de fecha 29-01-1.994, los hallazgos paleontológicos encontrados por geólogos que consistían en unas vértebras fósiles que identificaron como restos de dinosaurios, cuya antigüedad se remonta a 165 millones de años. Dos años después el Paleontólogo John Moody, en declaraciones suministradas a algunos medios de comunicación social halló dientes y partes del fémur de un dinosaurio, y atendiendo a la forma y característica de los dientes hace presumir que se trata de un dinosaurio de más de 135 millones de años (Diario Nacional 1.996). A mediados del año 2.000 se informó del hallazgo de un fósil en el Municipio Michelena, posiblemente se trata de un pequeño pterosaurio de la especie identificada como un pterodactylus de aproximadamente un metro de longitud, parecido a un lagarto de larga cola, cabeza pequeña y su boca es, una especie de pico rígido. Estos hallazgos y otras investigaciones futuras nos determinarán la antigüedad aproximada de los nativos que poblaron el territorio que actualmente se ubica el Estado Táchira.

Muchos son los aportes de esta población nativa que han dejado huellas en nuestra región y forman parte del patrimonio como son: las construcciones de tierra y piedras: terrazas o calzadas, cerros y colinas. En las cuevas, cavernas y petróglifos. En los materiales elaborados de lítica o piedra: hachas, hachuelas, morteros, puntas de dardos, minivasijas entre otros.

Igualmente la elaboración de la cerámica y objetos diversos que se hallan en las excavaciones y museos son también parte del patrimonio de esta región.

Las primeras evidencias de asentamientos humanos estables están representadas por un complejo de estructuras en piedras distribuidas sobre las terrazas.

Estas estructuras en piedra fueron utilizadas como terrazas de habitación o viviendas, muros de contención para controlar la erosión de los suelos en pendiente, terrazas agrícolas, muros de piedra que actualmente podemos observar en el municipio Ayacucho forman parte de nuestro patrimonio.

Por otra parte se observan trazas de caminerias empedradas que vinculan entre si las viviendas y calzadas que son comunes en aldeas de este municipio, que podrían haber servido posiblemente como posiciones defensivas, hitos de demarcación de tierras de cultivo o caminos de ruecas. Así como también se observan relictos de antiguos andenes de cultivo, hoy destruidos por la acción del arado y la transhumancia del ganado.

El arte de la lítica o piedra, parece haber sido una especialización de los nativos de las zonas altas del Estado Táchira, como se evidencia en los hallazgos encontrados en colina de Queniquea: tallas de pendientes, alados o pectorales, elaborados en serpentinita, jade, chert, estatita, formaban parte de la práctica funeraria.

Las cuevas, cavernas y los petróglifos de los pobladores de este territorio que hoy ocupa el Municipio Ayacucho posiblemente los utilizaban como formas de expresión de su vida ceremonial. Tal vez eran secretas, donde las cuevas y petroglifos servían como adoratorios, para que las personas o el Shamán de la comunidad actuando como su intermediario, depositara sus ofrendas bajo la forma de frutos de cacao, incensarios, tejidos, figuras antropomorfas elaboradas con arcilla o talladas en piedra.

En el Municipio Ayacucho del Estado Táchira observamos numerosos grabados sobre piedra o rocas. Una de ellas es la piedra o petróglifo indígena de cuatro metros de largo por dos metros de alto, está cubierto de grabados por sus dos lados amplios. Sus grabados son figuras humanas, imágenes del sol, trazos de pies y de manos, círculos concéntricos, puntos y rayas, ranas en actitud de saltar. Sin embargo estos petróglifos ubicados en distintas aldeas del Municipio se están extinguiendo para siempre y sin la posibilidad de ser estudiados. Hoy más que nunca corren un serio peligro de desaparecer, debido fundamentalmente al desconocimiento y a la falta de conciencia de este valioso patrimonio que nos pertenece a todos.

El uso de vasijas, cuencos, ollas, budares, elaborados de barro o arcilla nos permite establecer la presencia de diversos procesos de trabajo en la vida cotidiana de estos grupos étnicos dedicados al cultivo agrícola (maíz, cacao). La presencia de metates, piedras de moler y el pilón, nos indican que nuestros ancestros procesaban el maíz, el cual era consumido, al parecer bajo la forma de tortas circulares de maíz o “arepas” cocidas en pequeños budares de barro o “aripos”. Las vasijas de barro o arcilla cocida eran de distintos tamaños: ollas, escudillas, mucuras o chorotes la usaban para cocer el cacao. Las chiriguas y moyas para depositar el agua o la chicha.

Probablemente, estos grupos étnicos que ocuparon el territorio que hoy llamamos Municipio Ayacucho, mantenían relaciones de complementariedad con otros grupos étnicos que habitaban la parte llana o piedemonte occidental y el sur de la cuenca del Lago de Maracaibo, los llanos altos occidentales, los valles de Lara y Yaracuy dispersándose hasta los montes de Ocaña de Colombia. Estas relaciones permitían que los grupos étnicos incrementaran una serie de medios de producción para el buen aprovechamiento de la agricultura, que aún se pueden observar en aldeas de este Municipio, como son las terrazas, construcciones de estructura de piedra, muros y andenes utilizando cantos rodados.

Asimismo, la población nativa establecía relaciones de complementariedad económica con sus vecinos, como puede evidenciarse en el diseño y decoración de algunas vasijas manufacturadas por otros grupos étnicos.

De igual manera vasijas trípodes procedentes de estas regiones aparecen en sitios arqueológicos del sur del Lago de Maracaibo y viceversa, lo cual no descarta que hubiese existido también un intercambio similar de estos bienes terminados. Probablemente, estos nativos poseían una sociedad jerárquica, compuesta por espacios territoriales muy estructurados: grupo doméstico, grupo territorial con un espacio geográfico compuesto de valles que le servían de asiento. Cada valle debe haber estado sometido al control de un “cacique” que ejercía también la función de Mohan o Shaman.

La vida ceremonial de los pobladores de nuestro municipio se evidencia en las vasijas, las cuales poseen una textura fina con decoración y pintura. Los incensarios trípodes o tetrápodos elaborados en arcilla servían posiblemente para quemar la grasa de cacao que se ofrecía como ofrenda a las divinidades.

Con respecto a las figuras antropómorfas y zoomorfas unas eran usadas como objetos votivos y otras representaban deidades o divinidades, fueron elaboradas de barro o arcilla cocida y de material lítico.

En cuanto a las prácticas ceremoniales tuvieron dos tipos de entierro, Para los Motilones y Chinatos, el entierro directo era la primera fase para descarnar y secar el cadáver. Probablemente envolvían al muerto en hojas o en fique y lo ataban fuertemente colocándolo sobre una hoguera hasta que con el calor, el cuerpo se secaba y se reducía, luego lo guardaban en cuevas o cavernas por cierto tiempo para efectuar el entierro secundario. Para este entierro secundario usaban urnas globulares o piriformes.

Estos grupos étnicos poseían deidades o dioses masculinos y femeninos.

Los dioses masculinos ostentan tocados diversos y penachos de plumas, esculpidos o pintados que usaban los grandes guerreros; unos aparecen de pie en actitud de combate, son los dioses de la guerra. Otros son figuras benignas que ayudaban a incrementar la producción agrícola. Algunas figuras antropómorfas simulan estar sentados en su taburete, duho o asiento bajo, y llevan en las manos un pequeño bracerillo o microvasija en el que quemaba manteca de cacao o trituraban semillas u hojas de plantas medicinales para curar enfermedades; esta divinidad presidiría la recolección de la cosecha y la terminación de la faena.

Las divinidades femeninas representaban la fertilidad, realizaban rituales al sexo femenino por ser reproductoras de la fuerza de trabajo y de la naturaleza, o reproductora de la siembra en las cosechas.

Ahora bien, hemos querido iniciar el tema del “Patrimonio cultural” con la muestra arqueológica “HUELLAS DEL PASADO” porque la memoria es un caudal de conocimientos que nos da el sentido del tiempo y de la temporalidad. En la medida que conservamos lo que han hecho nuestros antepasados, podemos disfrutarlo, usarlo y desarrollarlo para enriquecerlo con nuestra experiencia para las generaciones futuras. El material que hoy se presenta es parte fundamental de las manifestaciones de los pobladores que probablemente habitaron esta región.

Hoy, ante el fenómeno de la globalización se genera la urgencia de fortalecer la conciencia cultural de las comunidades, permitiendo reencontrarse con la historia personal o colectiva, aproximarse a nuestras raíces, recordar, recrear, y también conmoverse con lo que le resulta familiar o cercano.

Estamos concientes del concepto moderno de Patrimonio Cultural, el cual incluye no sólo los monumentos y objetos arqueológicos, la arquitectura colonial, documentos y obras de arte, sino también las diversas manifestaciones de la cultura popular, indígena, campesina, urbana las cuales conforman el patrimonio vivo de las comunidades; pero si rescatamos el valioso legado de nuestros antepasados, que hoy afloran o han logrado sobrevivir, estamos contribuyendo a aproximarnos al desarrollo de un verdadero Patrimonio Cultural de estas regiones tachirenses.

Por último, quisiera concluir, agradeciendo a los Organizadores de esta III Jornadas, no sólo por la invitación cursada por el Licenciado Anderson Jaimes, sino principalmente por permitirme compartir con ustedes este intercambio tan sentido y profundo, lleno de compromisos contraídos con las comunidades y su patrimonio.

NOTA: Los mapas, gráficos y fotos se pueden ubicar en el CD-ROM de la Muestra “HUELLAS DEL PASADO”. En la Galería de Arte “El Punto” Casa de la Cultura de Colón Estado Táchira Venezuela


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[1] Actualmente los “Motilones” son los Barí y los Yucpas, ubicados en la Sierra de Perijá del Estado Zulia






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