20061220

La Autonomía Estatal

Rafael María Rosales


El Táchira tierra generosa y hacendosa, donde la montaña, el valle, el río y los labrantíos son la recomendación del paisaje, el clima y la hospitalidad de las gentes de una frontera con ejecutorías de dignidad y fallas de inutilidad, heroicidades pioneras y regímenes de fuerza por negligencia nacional, estuvo aislado política, social y económicamente por varios siglos, no obstante haber conocido la realidad de una Gobernación en la época colonial o sea la dada por la Corona española con la Real Cédula del 26 de mayo de 1588, al erigir la Gobernación de La Grita, a la cual fueron incorporadas las ciudades de Barinas y Pedraza, y por supuesto sometida a la jurisdicción neogranadina. Su primer Gobernador es precisamente quien había logrado tal categoría provincial: el capitán Francisco de Cáceres, el cual por Real Cédula de 1573 ya había obtenido la facultad de poblar y fundar y es por ello por lo que en 1576 funda a la siempre culta ciudad de la Grita y declara cabeza fundamental de su Gobernación.

Tal jerarquía gubernamental dura hasta el primero de mayo de 1607, cuando el Dr. Juan de Borja crea el Corregimiento de Mérida y La Grita con su capital Mérida. Es nombrado Corregidor el Capitán Pedro Vanegas, quien no habiendo podido tomar posesión de tal cargo, lo toma Antonio Beltrán de Guevara el 30 de mayo de 1607, al llegar de Tunja donde había ejercido el mismo rango durante seis años. A este corregimiento de La Grita pertenecen Mérida, como cabeza, San Cristóbal y Gibraltar.
El 3 de Noviembre de 1622 es creada la provincia de Mérida y la Grita. Es nombrado Gobernador Juan Pacheco Maldonado, quien toma posesión de su cargo el 6 de agosto de 1625. Con la condición de someter a los indios motilones, al terminar el periodo del corregidor Juan Pacheco de Velasco. La capital entonces en Maracaibo, y según la investigación del notable historiador Hermano Nectario María, en el año de 1677 cuando al ser nombrado Maestre de Campo Antonio de Vergara Azcárate, se le designa Gobernador de Mérida, de La Grita y ciudad de Maracaibo. Desde el año nombrado hasta 1751 la designación gubernamental es la de Gobernadores de la ciudad y provincia de Maracaibo y luego, simplemente, provincia de Maracaibo. Por lo tanto el Táchira perdió su jerarquía gubernamental, sin olvidar la memoria del Capitán Francisco de Cáceres, quien no solamente había creado la jerarquía que posteriormente fuimos perdiendo hasta 1941.

Nuestra amada tierra Tachirense estuvo sujeta al Corregimiento neogranadino cuya influencia alcanzó la zona andina venezolana, hasta cuando el Rey Carlos III, a quien el pueblo venezolano debe, podemos decirlo con la mis sentida emoción patriótica, la creación de la Nacionalidad patria, al firmar en San Lorenzo su Real Cédula del 8 de septiembre de 1777 y con la misma disponer “la integración gubernativa y militar de las seis provincias venezolanas”. Por supuesto, entonces, el Táchira pasó a la dependencia de la Provincia de Mérida. Tal dependencia no favoreció ni política, ni social, ni económica, ni administrativamente a la esperanza, ni al desarrollo de la región fronteriza, pues la indiferencia y la negligencia oficiales marginaron el vigor, la influencia y la actitud pionera de una comunidad nacionalista desde el espejo limpio del amanecer de la patria. Es porque el Gobierno y la administración de la provincia no responde a la voz de la tachiranidad con el reclamo de la solución de sus necesidades y la responsabilidad de los funcionarios merideños y de los que enviaba para ser insensibles ante los problemas.

Al imponer el gobierno de Antonio Guzmán Blanco, luego del triunfo de la todavía discutida guerra federal, con la cual no se identifico el Táchira, no porque
su ideología liberal se derrumbara o dejar de tener el calor de las mayorías sino porque las candelas arrasaban los pastizales, la larga guerra atrofiaba la economía, la maldad de Martín Espinoza detenía la justicia y la muerte de Ezequiel Zamora apagaba la revolución en marcha. Por ello Sacramento Velasco, con sus “Bravos de Capacho”, ataja a los federales en la entrada del Llano dos veces en el camino de Bailadores a La Grita una vez. Guzmán Blanco cobra esta actitud pasiva del Táchira al enviar testaferros suyos, para silenciar la palabra altiva y a la vez sensata del Táchira, e imponer el poder y la administración del Estado con gentes de otras latitudes y no a las nativas de nuestra entidad.

Fácil es entender, entonces, cómo la prosperidad y el desarrollo de nuestra regionalidad casi se paralizan, tanto en lo socio-político, lo socio-económico y lo socio-cultural, pues la agonía de sus desmovilización pervive en una frontera donde el nacionalismo debe afirmarse con la gestión oficial y con el crecimiento de las iniciativas y las realizaciones que den al progreso la autenticidad de la autonomía y del mejoramiento de la identidad. La administración pública no era otra cosa que una entelequia, no obstante la fertilidad de la tierra, la riqueza de los productos que, como el caté, ya eran no una promesa sino la verdad de una potencialidad económica. A lo cual se agregaba el hábito hacendoso del hombre y la mujer que sudaban su esfuerzo en el autodicdactismo de su empeño creador. Tal desidia de la administración pública sucede porque, como en épocas posteriores, el régimen político imperante, el capricho personal, la culpabilidad y la conveniencia partidista agudizan la complejidad de los problemas y la torpeza para el entendimiento.
El gobierno de la provincia de Mérida no se ocupa de atender, como debía, los cuatro Cantones tachirenses, en los cuales las necesidades políticas y administrativas represaban su desarrollo. Es por ello por lo que el Concejo Municipal de San Cristóbal, solicitaba en 1855 a la diputación de la provincia merideña la creación de la provincia “Torbes”, integrada por los Cantones de San Cristóbal, La Grita, Lobatera y Táchira. Este último corresponde al actual municipio Bolívar. Con esta petición los municipios de la antigua y siempre recordada Villa, quieren lograr el ‘derecho de la emancipación”.
Esta solicitud de los cabildantes sancristobalenses se fundamenta en el interés de alcanzar la dignidad de una identidad propia, sí, de una autonomía con la aspiración de impulsar el desarrollo político, social, económico y cultural, pues su condición de tierra olvidada la induce a buscar el camino de su independencia política, a fin de solucionar con entusiasmo y seguridad sus problemas.

Las condiciones económicas de la región fronteriza propiciaban perspectivas halagadoras de desarrollo agrícola y comercial, por lo que “por si solo” el Táchira podía “figurar como entidad provincial” con sus naturales recursos. Es por que ya tanto las exportaciones como las importaciones se llevaban acabo con posibilidades de ventaja y las relaciones comerciales con Maracaibo, el llano y Colombia, no obstante los inconvenientes de las vías de comunicación, ofrecían la verdad de su desarrollo progresivo en cada uno de los cantones regionales. Sin embargo, el gobierno provincial merideño, con su actitud de indolencia y su desinterés en fomentar las obras de auténtica utilidad pública, con los propios recursos tachirenses, dejaba transcurrir el tiempo y omitía su responsabilidad para estructurar una política que incentivan la productividad agrícola y comercial mientras se motiva la pecuaria y la industrial, pues habían seguras posibilidades para ello. Era, por consiguiente, favorable la situación en esta zona fronteriza de la Venezuela rural, con las posibilidades inmediatas para el comienzo de la emancipación del subdesarrollo.

En la solicitud de la autonomía política y administrativa del Táchira, se decía a la diputación merideña, como lo decimos en nuestro libro “Documentos y descripciones de la ciudad de San Cristóbal”, “el camino y puerto de Guamas, así como el camino a San Camilo y otras vías que, por no realizarse en condiciones de aprovechamiento, traían grandes perjuicios a la colectividad, y no podían ser ejecutadas ni atendidas por Mérida, ya que por la extensión de sus dominios, la acción oficial no podía limitarse sino a una mala administración de los Cantones en trance de alcanzar su desmembración”, en vez de fortalecer para su autonomía útil, es decir, para la independencia de su propia vivencia política y administrativa. Además, los concejales de San Cristóbal argumentaban la feliz verdad de que un Gobernador no puede darse cuenta de las prioritarias necesidades de sus gobernados, ya ‘que las poblaciones distantes de la capital de la provincia tan solo son visitadas como paseo, sin que de tales visitas resulte otro fruto, que el gusto que queda a sus vecinos por haber obsequiado a su Gobernador, quien deseoso de regresar a su casa ningún alto hace en la que su autoridad pudiera remediar”.

Por otra parte, los peticionarios de que el Táchira sea Provincia, razonan que la creación solicitada no afecta a la provincia merideña por cuanto ésta queda con suficientes arbitrios, los cuales bien administrados fortalecen su jerarquía estatal. Concluyen los concejales de San Cristóbal, expresando que su Memorial no es para pedir una gracia para obtener legalmente “el ejercicio de un deber de justicia”.

El general Carlos Luís Castelli, plenipotenciario venezolano en la Nueva Granada, en informe del 5 de abril de 1855, enviado al Gobierno de Venezuela por medio del Ministerio correspondiente, desde Cúcuta, recomienda la conveniencia de que la provincia de Mérida debe ser dividida en dos provincias, al apoyar con sentido realista la petición de los vecinos de San Cristóbal. por cuanto merideños y tachirenses aspiran salir al lago marabino por caminos directos. Ya para la fecha en el Táchira existía el camino de La Grita. Este General Castelli, olvidado por la ciudad y por la entidad toda, afirma su preocupación al pedir atención y vigilancia fronterizas, pues una capital lejana no puede garantizar el orden, el progreso y la tranquilidad de sus habitantes. Y como buen militar que era menciona el abandono de los cantones tachirenses, pues dice que “se hace por estas comarcas facilísimo en todo evento invadir con la fuerza menos respetable gran parte de la provincia, como ya ha sucedido en los últimos años dos veces”. Cuántas veces ha sucedido después, agregamos nosotros. Y convincentemente agrega el General Castelli: “es necesario que se lleve a efecto la división de la provincia de Mérida en dos, conforme a la petición que ya han presentado a consideración de las Cámaras Legislativas muchos de los vecinos de los cuatro cantones occidentales”. Es razonable y muy favorable la importante opinión del héroe que llega a Venezuela con la sociedad de ser partícipe de la libertad venezolana y de la independencia política de una provincia ubicada en la frontera.
Para ¡a fecha ya habían más de 50.000 habitantes en los cuatro cantones occidentales y se exportaban unos 45.000 quintales de café, “La Villa de San Cristóbal, en la cual demoré más de un día - dice el Gral. Castelli -. está llamada a ser la capital de la nueva provincia que ya se conoce en su esperanza con el nombre de “El Torbes”. Y concluye señalando la conveniencia de retornar la Ley sobre comercio de tránsito, por haber advenido efectos inconvenientes a los intereses venezolanos. Se refiere al intercambio comercial y agrícola con Colombia, lo cual data desde siempre.
La preocupación del Concejo Municipal de San Cristóbal, con el apoyo vecinal de la ciudad y de San Antonio, La Grita y Lobatera, así como la lúcida y singular recomendación del noble varón general Carlos Luís Castelli, son valederos bríos para lograr que el Congreso nacional de la República, en Decreto dado en Caracas el 11 de marzo de 1856, eleve a provincia al Táchira con los cantones San Cristóbal, San Antonio, Lobatera y La Grita.
E
l presidente de la República, general José Tadeo Monagas, firma el ejecútese al decreto del Congreso, el día 14 de marzo de 1856, en el cual se fija el régimen y
administración de la provincia del Táchira a partir del primero de julio, sin alterar las ordenanzas municipales basta su reforma o derogación por la diputación regional conforme a la Constitución. Además se autoriza al poder Ejecutivo el nombramiento del Gobernador Tachirense, el cual ejercerá sus funciones hasta cuando la diputación provincial nombre al que ha de cumplirlas en propiedad.
Es el Gobernador titular el maracaibero don Pascual Casanova.

Al imponerse la federación en el Táchira, las municipalidades regionales declaran la “plena soberanía e independencia” tachirense del Estado, para eliminar el sabor colonial de Provincia. El gobierno provisorio lo integran Jesús Contreras, Domingo Martínez y Jasé Ignacio Cárdenas. Esta determinación es acordada el 3
de agosto de 1863 o sea cuando han corrido cinco años del régimen federal.

Celebra la Asamblea Legislativa del Estado, y con ella todo el estado Táchira, la fecha 14 de marzo de 1994, como celebración jubilosa de los 138 anos de haber
sido creada la provincia del Táchira, luego convertido en Estado en 1863. Este suceso lo recordamos con la devoción que siempre mantenemos por la tierra nativa, con la fe de quererla y defenderla como libre frontera y bravía entidad, animados por el lírico y valiente canto de la sensibilidad del alma nacional.
Nuestra identidad regional se inicia con cuatro cantones. Más tarde llega a nueve distritos y posteriormente a 16. Ahora son 23 los municipios, precisamente cuando los ramalazos de la crisis económica del país amenazaban tremendamente la estabilidad nacional y la confusión atropella la sensatez del pueblo venezolano. Y esa crisis económica se agudiza para empantanar el equilibrio y el entendimiento y permanente, la moral y la honestidad. Hay huelgas y paros injustificados, exageraciones sindicales y asombrosas caídas financieras, conflictos fiscales y aumentos de sueldos y de dietas, manifestaciones sin sentido, el crónico vicio de la corrupción, y una burocracia desenfrenada que debilita al desarrollo. Todo es agonía para la confianza y el derecho a la armonía y a la paz, y para salir del embarazo de la Venezuela rural de ayer y de la Venezuela sorprendida de hoy, con una democracia populista y enferma. Es porque hemos perdido la hora del deber venezolano. Afortunadamente columbramos una generación de relevo, la cual ojala Dios no se corrompo ni extravíe su itinerario histórico, cuya responsabilidad es restablecer la moral y dar aliento a nuevas concepciones a fin de estructurar los sanos esquemas de la lucidez y del propósito de impulsar, desde la montaña donde el árbol aupa los vientos de la confianza, de la credibilidad y de la seguridad, el aporte robusto de coadyuvar para que la comprensión, el trabajo creador y la acción política no distorsione la ática, y fundamentalmente, piense y actúe en la búsqueda de la prosperidad nacional regional, y nunca en las maquinaciones partidistas o el beneficio personal.
Los padres de la familia, los educadores, las escuelas, los colegios, los liceos y las universidades deben sembrar la cordura y robustecer la cultura en el ánimo y en el hacer de la generaciones, pues su tarea esencial es enseñar y corregir al alumno, así como señalar el camino de la Venezuela modelada por Simón Bolívar y que ahora hay quienes quieren arrebatar de nuestras manos. Que este aniversario de la creación del Táchira como entidad autónoma, sea propicio para el entendimiento y el acercamiento a la credibilidad, a la moral, a la virtud, a la amistad ya la honestidad de todos y cada uno de los tachirenses. Esa es la mejor manera de rescatar el decoro y el brillo de la tachiranidad.

Tomado del BOLETÍN DE LA ACADEMIA DE HISTORIA DEL TÁCHIRA, Nº 4, Segunda Época, Abril, Mayo y junio de 1994. p 37 a 42






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