20061220

SESQUICENTENARIO DE LA PROVINCIA DEL TÁCHIRA

Dr. J. J. Villamizar Molina

Discurso pronunciado el martes 14 de marzo de 2.006 las 4. pm. en la Academia de Historia del Táchira para celebrar el Sesquicentenario de su creación.

Se reúne hoy esta docta institución para recordar y dignificar la excelsa fecha del 14 de marzo de 1856. El Táchira ha sido parte fundamental de la República de Venezuela y fanal de su presencia contemporánea y como tal merece la exaltación en la agenda histórica del país ya por su vida cantonal, ya por su corporeidad como Provincia o ya por su carácter de estado soberano, todo lo cual se sintetiza hoy en su acontecer político, social, económica y jurídica con la global denominación de Estado Táchira.

El albor de la historia

Indudablemente después de las jornadas de los Welzer, y de Alonso Pérez de Tolosa por el naciente y de Gonzalo Jiménez de Quesada por el occidente, el rumbo de lo que iba ser nuestro pedazo patrio ya mostraba trazados sus amplios horizontes. Porque cuando Juan Maldonado fundó la Villa de San Cristóbal el 31 de marzo de 1561 se adelantó en trazar el mapa geográfico de nuestra entidad federal. Así lo hizo al señalar los términos de la Villa proclamando: Por la banda de Pamplona hasta el río que llaman de Cúcuta. Por la banda de Mérida hasta lo que llaman los españoles el Pueblo Hondo. Por la banda de naciente hasta los llanos de Venezuela y por la banda de poniente hasta la laguna de Maracaibo y Brazos de Herinas. En jornadas posteriores a la fundación de la Villeta el capitán Juan Maldonado hizo una excusión por los Valles de San Bartolomé, del Espíritu Santo, de San Agustín y de Corpus Christi, así como por la región de Burgua.

La vida en la incipiente Villa fue muy pobre y azarosa, consagrada a un silencio algunas veces impenetrable, pero nacida en tierra fértil para hacer el asentamiento de sus hijos al calor y a su amor por el valle de Santiago, dándose a la continuidad de la historia. Las comarcas circunvecinas estaban pobladas por tribus de atractivos nombres cuya onomatopeya hoy nos conmueve los sentidos. Táriba, Quinimarí, Cania, Capacho, Peribeca, Támuco, Catarnica, Toituna y Tononó, así como Machirí, Piscurí, Camiri, Cascarí, Moretón y Tamcipay. Estas voces nos retumban hoy con muchos nombres más a los oídos y al afán de nuestra investigación. Los padres agustinos años antes de asentarse definitivamente en su Convento, pasearon - según algunos autores - en las manos de Fray Gabriel de Saona la tabla de Nuestra Señora de la Consolación por predios tachirenses, imagen que desde antes de cruzar el Torbes, ha sido la estrella matinal del Táchira, la luz que alumbró una historia, tomando las palabras de Rafael María Rosales. Y los frailes de ese convento comenzaron a ampliar la geografía que les dibujaba el sentimiento de la tachiranidad.

. Vino el sistema de encomiendas y los predios se fueron conociendo y poblando cada vez más. Táriba, Capacho y Guásimos, como bien lo ha expresado el Dr. Lucas Guillermo Castillo Lara, fueron raíces pobladoras. Ya desde el siglo XVI se estableció con estancias de ganado en el valle de Lobatera Don Pedro de Torres Vera. Nacería esa compacta Villa de Lobatera que con el correr de los años y de los siglos daría lugar a Constitución, San Juan de Lobatera y Michelena.

No muy tarde después de la fundación de San Cristóbal, el capitán Francisco de Cáceres fundaría en 1576 la ciudad del Espíritu Santo de la Grita, cuya exploración, desarrollo y expansión llegaría a admirar y a opacar las aspiraciones y proezas de los primitivos villorrios. Al comenzar el siglo XVIII don Francisco de Borja y Mora fundó detrás de los páramos del Rosal y El Batallón la ciudad de San Antonio de Pregonero .El 2 de octubre de 1724 don Eugenio Sánchez Osorio fundó la Villa de San Antonio, en cuya jurisdicción un siglo más tarde, en la Hacienda Los Quemados, alborearía en 1848 la obra comunitaria de Don Pedro María Ureña, con las Parroquia de San Juan Bautista de Ureña y Santa Bárbara de la Mulata. Ya para finalizar el siglo XVIII don Gervasio Rubio fundaría la ciudad de Rubio en el núcleo fecundo de la Hacienda La Yeguera. El año 1827 Don Lorenzo Duque y Don Enrique Pérez fundarían la ciudad de San Pedro de Seboruco. A mediados del siglo XIX Timoteo Chacón descubriría una meseta encantadora y establecería en ella una próspera comunidad. El 5 de febrero de 1873 aparecería San José de Bolívar.

Así, como una ameba que es minúscula al comienzo - pero que al crecer va extendiendo sus avasalladores y múltiples seudópodos - las comarcas se fueron poblando, fueron apareciendo las ciudades nuevas y se fueron extendiendo hasta cubrir los cuatro horizontes que señaló el capitán Juan Maldonado.

El siglo XVII fue bastante penoso y lleno de trabajosas dificultades. San Cristóbal al igual que en siglo anterior, estuvo varias veces a punto de despoblarse como en 1657 y 1698.Se abriría este el siglo XVII con sólo unos 200 pobladores. Las incursiones de los indios de la nación chinata - valga la pena decir mejor motilona - con sus invasiones, incendios, robos y asesinatos dejaron desolada la Villa principal y los pueblos del norte. La incursión e invasión de los motilones comenzó en 1623, y se continuó hasta el día domingo doce de febrero de 1702, cuando estas tribus de costumbres altamente nómadas y guerreras fueron sometidas y retiradas de sus nefastas incursiones.

La geografía del Táchira estaba entonces señalada por el camino colonial de occidente que venía de Santa Fe de Bogotá, de Pamplona y los valles de Cúcuta y pasaba por San Antonio, Capacho, Peribeca, Guásimos, Curazao, San Rafael, trapiche del señor Gutiérrez (Cordero), Vueltas de Salomón, valle y páramo de San Bartolomé, valle del Espíritu Santo de la Grita y las Porqueras para dirigirse a la ciudad de Mérida. Más allá estaba Boconó, donde comenzaban los dominios de la Real Audiencia de Santo Domingo, que al amparar a Juan Rodríguez Suárez, había sido protagonista del primer asilo diplomático concedido en América. Recorrieron este camino occidental, ofreciendo descripción de sus territorios, tribus, comunidades y costumbres los Visitadores y Oidores de la Real Audiencia de Santa Fe de Bogotá Es justo recordar los nombres de algunos de ellos como Antonio Beltrán de Guevara en 1602, Alonso Vásquez de Cisneros en 1620, Fernando de Saavedra en 1628, Diego Carrasquilla Maldonado en 1642, Juan Ibáñez de Itumendi en 1654, Juan Modesto de Meler en 1655, Diego de Baños y Sotomayor en 1657 y Tomás Onofre de Baños y Sotomayor en 1691. El mismo camino fue recorrido por Don Miguel de Santiesteban en 1741 en su viaje de Lima a la Guaira .rumbo a Europa.

El año 1781 ocurre la gesta comunera en la que se destacarán los tachirenses Juan José García de Hevia. Pedro Díaz de Aranda, Bernardo Ramírez de Arellano Luis Ignacio Contreras, Calixto Sánchez Cossar, Manuel Guerrero y José Andrés Cárdenas Don Joaquín Yáñez Caballero, Manuel Rivera, Pedro Sánchez, José Escalante y Juan Tomás Vivas, entre otros. Esta marcha epopéyica de los colonos que llegaría hasta Timotes, vería aplacar la venganza ibérica con el indulto concedido por el rey Carlos III el 6 de agosto de 1782, en conmemoración aniversaria de la fundación de Santa Fe de Bogotá. Al indulto obedeció, desde luego, el arzobispo y Virrey don Antonio de Caballero y Góngora. Al año siguiente, en vísperas del nacimiento del Libertador, El Teniente de Gobernador y Justicia Mayor de la Villa Don Andrés José Sánchez Cossar nos hizo una descripción de lo que era entonces la Villa de San Cristóbal y su territorio; nos hizo conocer que se había abierto a través de la selva de San Camilo el Camino de los Llanos, por donde ingresaba buena cantidad de ganado; nos daría razón de haciendas florecientes como las de San Isidro y la Mulata con cultivos en pleno desarrollo tales como los de cacao, caña de azúcar, tabaco y añil. En este informe veremos expuestos los lienzos de Lobatera en sucinta exposición Describió allí exactamente Sánchez Cossar cuáles eran los límites de la jurisdicción de la Villa, desde Guasdualito, San Camilo y Casanare y dejaría traslucir la esperanza jurisdiccional sobre los valles de Cúcuta.

Eco de la Ilustración

Vendría luego la epopeya de la independencia. Fue entre otras cosas, la resultante del siglo de la renovación, de las luces, de las ideas y de nuevas acciones hasta entonces desconocidas, tales como la Independencia de los Estados Unidos y la Revolución francesas. Ya desde 1762, Luis Pérez, cacique de Guásimos, después de haber sido encerrado injustamente en la cárcel de San Juan de Girón, exponía atendibles y revolucionarios argumentos sobre el concepto de los buenos tratos que los gobernantes debían tener para con sus súbditos, especialmente con los de la clase indígena. María del Carmen Ramírez fue la anunciadora en la Villa de las nuevas aspiraciones, así como lo habían sido en 1871 en San Antonio Jordania González, Rafaela Pineda, Bernardina Alarcón, Salvadora Chacón, Ignacia Chacón y Antonia Sánchez.

San Antonio, Capacho, San Cristóbal, Táriba, Lobatera y La Grita se sienten entonces enaltecidas ante la visita del huésped ilustre, que ya trae tremolante el pabellón de la Gran Colombia y, ceñidos en su frente, los laureles de Boyacá. Esa es la persona luminosa de nuestro Libertador. Simón Bolívar visitó a San Cristóbal trece veces, la primera el 16 de abril de 1813 y la última el 2 de diciembre de 1820.

Se interpone el intermezzo grancolombiano .Vida Rutinaria y regular bajo las normas estrictas de los Jueces Políticos del Cantón Manuel Briceño y Ramón Burgos. Mas pronto se sentirán los estremecimientos separatistas de la Cosiata. El ínclito y gallardo Mariscal Antonio José de Sucre, acompañado de Obispo de Santa Marta José María Estévez, como delegados del Congreso Admirable recorren entonces San Antonio, Capacho, San Cristóbal, Táriba, y la Grita. Allí llegan el 16 de marzo de 1830 ante la ovación clamorosa de las multitudes y los arcos triunfales de flores y de palmas alzados ante el paso del vencedor del Imperio Español y paladín de la libertad americana, Mariscal Antonio José de Sucre. Si no pudieron seguir más adelante los comisionados, debido a la oposición impartida desde Mérida por el general Judas Tadeo Piñango agente del general José Antonio Páez, sí se debe anotar que a su paso el Mariscal y su acompañante aspiraron los primeros hálitos de la república soberana.

San Cristóbal, genitora provincial

Durante la época de la Gran Colombia y el paso bolivariano y al iniciarse la república soberana nuestras poblaciones eran pequeñas villas llenas de aspiraciones muy grandes. Vale la pena traer algunos datos relativos a las mismas.

En 1832, por ejemplo, La Grita tiene 6.385 habitantes, mucho más que nuestra Villa. Porque San Cristóbal alberga sólo 2.737 almas. Pero todo el Cantón de San Cristóbal, con sus poblaciones circunvecinas de Táriba, Capacho,Lobatera, Constitución y Guásimos tiene 11.600 habitantes, mientras que el Cantón de la Grita, en su totalidad, sólo contiene 7.450 habitantes, componiéndose de la ciudad de La Grita, cuyo vecindario es muy extenso, de la Parroquia de Pregonero y San Antonio de Caparo. Táriba contiene 2.084 habitantes. Guásimos ofrece 877 habitantes y como 10 casas de teja y 25 a 30 de paja, con su Iglesia Parroquial de teja y una pequeña casa para la Junta Parroquial y otra también pequeña para la Cárcel. Capacho deja contar 2.309 habitantes y su caserío se compone de 40 casas de teja y 30 de paja, fuera de las dispersas por los campos, con una regular Iglesia Parroquial, cuyas paredes son de calicanto y una casa para la Escuela Pública. En la villa de Lobatera viven 2.897 habitantes. Su caserío está poco más o menos cerca. Constitución contiene 353 habitantes. San Juan cuenta con 344 habitantes. El Cantón Táchira engloba con la villa de San Antonio y toda su jurisdicción 3.528 habitantes; su caserío y población es regular compuesto de 150 casas de teja y 10 de paja, fuera de las dispersas por los campos. Tiene Iglesia Parroquial y Casa Municipal.

La intención hacia el futuro

. Corresponde al Concejo Municipal de San Cristóbal, conformado por hombres muy visionarios e ilustres de la época, el haberse compenetrado de la necesidad impostergable que tenían los territorios de la parte occidental, de ser segregados de la Provincia de Mérida y constituir una nueva entidad provincial. De esos hombres se destacaban algunos entre los cuales quiero citar a Agustín Arias, Domingo Martínez, León Caridad y Nicolás Galaviz.

Agustín Arias fue un sobresaliente merideño, que desde mediados de la década de los cuarenta hacía vida pública resaltante en la Villa. Agustín Arias, sin temor a equivocación bien puede ser codificado en los tests psicológicos como poseedor de una inteligencia superior, quizá de una inteligencia de genio. Fue integrante del jurado de imprenta, Jefe Político del Cantón de San Cristóbal. Presidente del Concejo Municipal, Secretario Municipal, Procurador Municipal, Concejal, Diputado a la Asamblea Legislativa Provincial, Secretario de este cuerpo legislativo, perito reconocedor en cuestiones médicas, Rector del Colegio San Agustín, primer Instituto de Ecuación Secundaria en la Villa, Comandante Jefe de las Fuerzas Militares acantonadas en San Cristóbal, Jefe Departamental del Táchira y en sus últimos años, archivero municipal, lo que equivale a Cronista de la Ciudad.

Domingo Martínez fue un egregio personaje del siglo XIX. Era hijo del prócer José de José Jesús Martínez, amigo de Bolívar y de doña Juana Paula Vivas. Fue Gobernador del Táchira y Presidente del Concejo Municipal en repetidas ocasiones. Casó con la encumbrada dama Adelaida Atalaya, hija del señor Juan Atalaya, caballero de altas campanillas de la ciudad de San José de Cúcuta. Entre sus hijos hay que citar al agrimensor Domingo Martínez Atalaya, y a Flor de María Adelaida Juana de las Angustias Martínez Atalaya. Domingo Martínez Atalaya estudió en Cambridge y fue Procurador Municipal y director de Obras Públicas Municipales. A él se debe el levantamiento en 1883 del primer mapa que se conoce de la ciudad de San Cristóbal. Flor de María Adelaida Juana de las Angustias Martínez Atalaya, su hermana, ha sido quizá la dama más aristocrática, empingorotada y opulenta que registra la historia de la ciudad en todos sus tiempos. Nació el 6 de noviembre de 1862 y casó el 13 de diciembre de 1883 con el encumbrado caballero José Antonio Guerrero, hijo del doctor Nicandro Guerrero y Ana Luisa Troconis Este señor, su esposo, fue el Presidente del Club de Comercio de San Cristóbal en 1897, primer centro social del Táchira floreciente en ese año y luego distinguido socio propietario del Club Táchira.

León Caridad fue un señor muy distinguido. Varias veces fue Presidente del Concejo Municipal de San Cristóbal y procreó en la Villa una familia muy honorable. Fue él quien realizó el Censo del Cantón antes de ser creada la provincia. Lo firmó el 6 de marzo de 1857. El resumen de este Censo arroja las siguientes cifras para 1856:

Parroquia San Cristóbal……………14.938 habitantes

Parroquia Táriba…………………….12.215 habitantes

Parroquia Capacho…………………..4.624 habitantes

Parroquia Guásimos………................1914 habitantes

Total del Cantón San Cristóbal………33.691 habitantes

Nicolás Galaviz es un ciudadano muy conocido en la historia de la ciudad. Nació en San Cristóbal en 1812. Casó con Catalina Ávila Maldonado. Como si perteneciese a la estirpe de Bach o de Mozart, procreó hijos con excepcionales talentos musicales. Uno de ellos es nuestro conocido compositor Juan de Dios Galaviz, autor del vals Flor de Loto, catalogado como una de las composiciones populares más bellas del mundo. Pero superior al talento de don Juan de Dios, fue el genio de su hermano Eloy Galaviz, llamado el Paganini venezolano. Este genio, educado en el Colegio Provincial de 1856, donde cursó lengua castellana y latinidad, compuso múltiple piezas, entre ellas la recopilación de diez y seis obras para piano, bajo el título de “Guirnalda Musical Tachirense”. Se hizo famosa esta recopilación en Latinoamérica y en Europa. Eloy Galaviz fue secretario del Concejo Municipal, cuando nuestro territorio era denominado “Andes”, por formar parte del Gran Estado los Andes. Entonces no se decía “soy del Táchira”, sino “soy de los Andes”.Por ello la Logia Masónica de su tiempo no se llamó “Logia Masónica Sol del Táchira N ° 46” sino “Logia Masónica Sol de los Andes N ° 46”.En los libros del Concejo Municipal de los tiempos en que fue Secretario del Concejo, se observa cómo Eloy Galaviz, tachaba la palabra “Táchira”y encima de ella colocaba las dos palabras “los Andes”. Un periódico de su época se llamó no Eco del Táchira sino Eco de los Andes. La mujer de Eloy Galaviz y su hija se llamaban Flor. Por eso compuso el Vals Flores del alma. Porque él muy bien hubiera podido haber dicho “y flores como éstas sólo hay aquí” Su tiempo fue el del fecundo milagro de la producción del café que durante muchas décadas llenó nuestros campos con una lluvia de azahares. Por ello muy bien pudiera haber cantado que los Andes eran como flor del café de aquí. El amó mucho la ciudad de San Cristóbal y nunca se fue de aquí. Fue autor contemporáneo y muy allegado amigo del célebre compositor José Elías Mauricio Soto Uribe, que nació en Tonchalá el 22 de septiembre de 1858, y que es el autor del célebre bambuco Las Brisas del Pamplinita. Eloy Galaviz compuso la música del primer Himno del Estado Táchira, decretado como tal por el general Rosendo Medina en 1880, con letra del poeta zuliano Arbonio Pérez.

Pues bien, este grupo de eminentes ciudadanos que componían el ilustre Concejo Municipal de San Cristóbal y selecta agrupación de los vecinos como lo demuestra la gran cantidad de otros firmantes, atendiendo a los problemas y necesidades que se planteaban entonces en la región occidental de la Provincia, resolvió dirigirse a la Cámara de Representantes del Congreso Nacional, por intermedio de la Diputación Provincial de Mérida, solicitando la creación de una nueva provincia “Torbes” con los Cantones, San Cristóbal, Táchira ( San Antonio), La Grita y Lobatera. La solicitud no era una simple formulación, sino que era una exposición razonada basada en un cúmulo de argumentos políticos, sociales, económicos y jurídicos. Esta correspondencia, de fecha 7 de febrero de 1855 es de suma importancia y se hace necesario conocerla en su integridad para apreciar la justa veracidad de su argumentación y comprender las causas del origen de la tachiranidad. Dice así:

“Excelentísimo Señor. Presidente de He C. de Representantes. Sr.- El Concejo Municipal y Vecinos del Cantón San Cristóbal haciendo uso del derecho de petición que concede la Carta Constitucional de la Republica y urgidos por la necesidad de poner término al malestar administrativo provincial, que de día a día crece, según las diferentes peripecias de la situación, han resuelto de acuerdo con los Concejos vecinos de los Cantones de La Grita, Lobatera y Táchira, pedir al Congreso por el órgano de la Diputación Provincial de Mérida, la creación de una nueva Provincia compuesta de los lugares que abrazan los cuatro Cantones referidos. En consecuencia han redactado la petición que a la letra dice así: “Honorable Diputación Provincial.- Tiempo es ya de que el Concejo Municipal de San Cristóbal, y los vecinos que suscriben, eleven su voz ante los escogidos del pueblo merideño, para hacer valer sus derechos para promover su bienestar social de que se hayan privados, acaso porque interpretando el silencio como prueba de una resignada conformidad respecto a su suerte actual, llegado a creerse que así puede y debe continuarse. Los pueblos como el individuo en particular, recorren en la vida diferentes escalas, pasan por pruebas diversas, y de día en día cambian su forma, decaen, o se robustecen, según la sabia que nutre su existencia. De un lado, pues, nace la necesidad del pupilaje, del otro el derecho de la emancipación. Tal es , Honorable Diputación, el caso en que hoy se encuentra el Cantón San Cristóbal, que merced a sus laboriosos habitantes, llegado a el punto de bastarse a sí mismo; y mengua fuera callar, sellando con su silencio la perdurable actualidad de una dependencia tan inconveniente como degradante; pues ella enerva los gérmenes de su progreso material, y hace aparecer estas comarcas cual un propietario acaudalado, que descuidando sus cuantiosos bienes, los dejara explotar en ajeno provecho, sin apercibirse de su mal presente, y del futuro que le aguardará…. San Cristóbal posee en el día una población que excede de 24.000 almas; exporta anualmente hacia el extranjero más de cincuenta mil quintales de café; consume cuatro mil reses; importa con igual fin hasta doscientos cincuenta mil pesos en mercancías de ultramar; produce para las rentas provinciales de diez y seis a diez y ocho mil pesos; también anuales; labra una agricultura de frutos menores que da lo necesario para su consumo interior, y deja un sobrante calculado en más de treinta mil pesos que extrae para diferentes puntos de dentro y fuera de los lindes provinciales, debido tan cuantioso movimiento al activo comercio que aquí se mantiene con los llanos de Apure y las frecuentes relaciones con Maracaibo y las que se cultivan con los lugares fronterizos de Nueva Granada; de modo que este Cantón, por sí solo, pudiera figurar como entidad provincial, y muy más aún, acompañado de sus inmediatos La Grita, Lobatera y Táchira, que a la par, conocedores de sus propios intereses, pretenden, con San Cristóbal, la justa y conveniente separación de su actual metrópoli. Ni puede ser de otro modo, Honorable Diputación; aquellos cantones con éste según un cálculo aproximado, suben a setenta y seis mil habitantes; sus rentas provinciales no bajan de veinticinco y veintisiete mil pesos anuales, y su movimiento industrial, agrícola, comercial y pecuario, en el mismo tiempo, excede con mucho de un millón de pesos. En posesión, pues, de tan cuantiosos elementos, contando también con un personal suficiente para llevar las cargas que impusiera la entidad provincial; dispuestos los vecinos a fomentar sus escuelas, sus casas de educación, y no faltando personal que por medio del periodismo, puedan difundir las luces, cimentar la sana moral y promover el ensanche que demanda el progreso material; nada, nada falta para alcanzar el bien a que se aspira, así como es lógico esperar, la Honorable Diputación creada por la ley para cultivar el terreno de la dicha procomunal, se digne, haciendo uso de la atribución séptima que le confiere la constitución de la república, dar a esta petición el curso que ella demanda, solicitando del Congreso la erección de la Provincia “Torbes”, compuesta de los Cantones Grita, Lobatera, Táchira y San Cristóbal. Tal es, honorable Diputación, el objeto que abrasa el presente escrito, y tal, así mismo, el pensamiento que pulula desde los confines occidentales de Mérida, hasta los límites jurisdiccionales que dividen el Cantón Grita del Bailadores. Aquí pudiera terminar el raciocinio pertinente a la materia consabida, pero aún conviene robustecer esta pretensión con otras razones que convergen a su apoyo. La distancia de cuarenta y cuatro leguas que separan a estos pueblos de su capital los tiene privados de la pronta y oportuna administración de justicia en los juicios adscritos a las funciones del Juez de Provincia, como ha representado el Concejo en su memoria dirigida a la Honorable Diputación en el presente año; citando hasta los casos especiales en que la impunidad de crímenes atroces, ha fomentado la perpetración de otros mayores: la distancia y los peligros de un camino fragoso, arredran a los ciudadanos que por cualquier causa se ven obligados a presentarse en Mérida ya al ejercicio de alguna función específica, ya en solicitud de una gracia, o ya a reclamar sus derechos ante los depositarios del poder público provincial, o para pedir justicia contra las demasías de las autoridades subalternas; la distancia en fin, enerva la acción ejecutiva en los diferentes ramos de la administración pública, y mantiene a estos pueblos dependientes de su metrópoli para lo adverso, e independiente para lo favorable… de otro lado, el cúmulo de necesidades que surgen en estos Cantones, no pueden remediarse por la Diputación de Mérida por más que ella desee atender a estas localidades, pues no contando con fondos suficientes para satisfacer los pedidos de toda la provincia, juzga más prudente el silencio negativo que la creación de celos y rivalidades que nacieran de la protección que se dispensara a un cantón con preferencia a los demás. No así, Honorable Diputación, cuando los lugares a que se refiere este escrito puedan disponer de sus propias rentas, independientes de ajenas voluntades : entonces se conseguirá el muy deseado camino y Puerto de Guamas, cuya realización hace entrabado por virtud de una Ordenanza de privilegio que se ha hecho nugatoria por la impunidad, morosidad que se nota en sus empresarios, que desde agosto de mil ochocientos cincuenta y tres debieron empezar sus trabajos y no lo han hecho aún, con grave perjuicio de los intereses de estas comarcas, cuyas esperazas han sido tristemente burladas, continuando la necesidad de mendigar un puerto extranjero para la exportación de sus frutos, cuando pudiera hacerlo por el que la naturaleza le facilitara. Y el importante Camino de San Camilo, que conduce hacia los llanos, será igualmente atendido; de modo que los comerciantes en el ramo pecuario, no sufran las pérdidas que en el día ocasiona esa vía apenas transitable por fuerza de la necesidad, causa de muchos y continuos sacrificios, no sólo en los intereses sino también en la vida de los transeúntes, que a cada paso es amenazada por malezas hasta difíciles de describir. Ni se diga que la junta de caminos aquí establecida pueda atender a tales injerencias, porque dependiente ella de varias eventualidades, y no contando con las reservas suficientes, ha probado bien que no se haya en capacidad de realizar empresa de semejante linaje. Otros motivos tangibles de conveniencia pública pudieran aducirse para corroborar esta demanda; mas ellos son de tal naturaleza, que al recordarlos se inferiría un agravio gratuito a la Honorable Diputación, que tiene delante de sí la historia y las necesidades de los cantones que representa. Por tanto, el Concejo y vecinos de San Cristóbal descansan sobre la fe de que basta lo narrado, para que la Honorable Diputación, imparcial, amiga del progreso y conocedora de los intereses de la provincia, se digne acoger el pensamiento que queda desenvuelto, y elevar este informe como queda pedido al Congreso Nacional, a fin de que en sus sesiones del año que cursa tenga a bien decretar la erección de la Provincia “Torbes”,cuyo hecho de colosales esperanzas para el futuro de los pueblos que deben componerla arrancarán sus bendiciones hacia los Delegados de la gran familia venezolana y la gratitud de sus peticionarios.- San Cristóbal, 7 de febrero de 1855 El Jefe Político, JOSÉ ANTONIO F. ROMERO. El Concejal tercero ANTONIO MARÍA GATELL-.El Procurador, DOMINGO MARTINEZ.- El Concejal Cuarto JUAN J. MORENO.- EL Concejal Quinto JESUS CONTRERAS, El Secretario Municipal AGUSTIN ARIAS; El Juez Primero de Paz de San Cristóbal, ANTONIO MALDONADO. ROSARIO CARIDAD. El Juez de Paz de San Sebastián, J. MANUEL PEREZ- T. ANGARITA-El Médico de Ciudad, ESTEBAN LAMUS. EL Registrador, NARCISO LARA. El Administrador de Rentas Internas, RAFAEL GONZALEZ, JOSE MARIA GUTIERREZ, ANTONIO BRICEÑO, Juez de Parroquia. El Administrador Municipal, JUAN de J. QUINTERO, JUAN BAUTISTA GONZALEZ, RICARDO CASTRO, FRANCISCO N. GARCIA, ANTONIO GONZALEZ, Juez de Paz.- JOSE TRINIDAD PIRELA, FRANCISCO SANCHEZ, E. ROO, NICOLAS GALAVIZ, FELIPE GARBIRAS, PEDRO GIBEL, LUIS M. SANCHEZ, R. M. MALDONADO, JACINTO COLMENARES, JUAN DE JESUS ROJAS, GREGORIO NIÑO, ROSARIO PERNIA, FAFAEL GONZALEZ, JOSE NAVARRO, RAMÓN BONILLA, J. R. COLMENARES, JUAN B. PRATO, MARCOS E. MADRID, GREGORIO T. VASQUEZ, ROSARIO MERCHAN, JUAN de D. JARA, ROSARIO ROJAS, A. ANGULO, JUAN JOSE NAVARRO, FERNANDO DELGADO, FRANCISCO MORENO, JOSE DEL CARMEN PEREZ, MANUEL DELGADO, MARTIN DELGADO, El Vicario IGNACIO BUITRAGO, CARLOS A. COLMENARES, J. JUAN SANCHEZ, JUAN A. GALAVIZ, MATEO MORENO, J. R. BUSTAMANTE, ELEUTERIO BUSTAMANTE, JOSE E. BUSTAMANTE, MATIAS MORENO, MANUEL COLMENARES, J. M. BUSTAMANTE, ANTONIO MOLINA, PBRO. RAFAEL MARIA GALAVIZ.

A esta extensa solicitud siguieron varias gestiones más.

Después de cumplidos varios trámites, el Presidente del Concejo Municipal de San Cristóbal finalizaba:

Y como las excepcionales circunstancias en que se ha hallado la provincia, ya por causas de los trastornos ocurridos en julio último, ya por el desorden con que ha sido administrada por la variedad de las personas encargadas de su gobierno, no han permitido se reúna la Diputación: el Concejo ha resuelto dirigirse al augusto cuerpo que V S preside, suplicando que atendidas las poderosas razones que apoyan la preinserta petición, se digne acordar la erección de la Provincia “Torbes” señalándola por su capital la Villa de San Cristóbal como el lugar más populoso y rico entre los que deben componerla, y pasar el respectivo proyecto a la Honorable Cámara del Senado para los efectos consiguientes. El Congreso sabe perfectamente, que las provincias que abrazan un territorio extenso son de ordinario muy mal administradas, porque la acción del poder supremo se enerva mientras mayores sean las distancias que ella recorra; porque las necesidades locales se descuidan, acordándose acaso preferencias inmerecidas; y por último, porque el jefe superior a quien toca visitar el territorio de su dependencia, recargado de atenciones apenas puede cumplir con aquellas de cuya falta temiera alguna clase de responsabilidad. Y así se ve con frecuencia, que las poblaciones distantes de la capital de la provincia tan sólo son visitadas como por paseo, sin que de tales visitas resulte otro fruto, que el gusto que queda a sus vecinos por haber obsequiado a su Gobernador, quien deseoso de regresar a su casa ningún alto hace en lo que su autoridad pudiera remediar. No así cuando la provincia puede recorrerse en pocos días: entonces el ojo del primer magistrado todo lo abrasa y su presencia vivifica la marcha de los negocios: pone coto a las demasías de sus agentes: resuelve los puntos dudosos que se hallan al alcance de su autoridad, y recoge por sí mismo los datos más preciosos para instruir a la Diputación y al Ejecutivo en su caso, de todo aquello que fuera importante para obrar las mejoras que de otro modo no puedan alcanzarse. Empero, no faltará quien se oponga al logro de los deseos que entraña la petición, aduciendo la única razón que a primera vista pudiera considerarse de algún peso: que desmembrada la actual provincia de Mérida con la separación de cuatro cantones, quedaría aquella reducida a la nulidad, ora por el poco número de habitantes, ora por la carencia de recursos fiscales para ocurrir a sus más premiosas necesidades al paso que la Nación acrecería sus gastos con un nuevo tren provincial. Todo esto, Señor Excelentísimo, háyase contestado espléndidamente en la petición preinserta. Mérida quedará con cuatro Cantones cuya población no bajará de cuarenta mil almas: contará con los pingues productos de su rica laguna de Urao, cuya buena administración se descuida hoy, precisamente porque la caja común recibe cuantiosos ingresos de las rentas de estos cantones occidentales. Y cuanto al nuevo tren provincial que debe soportar el tesoro de la nación, allí está la aduana del Táchira y el producido del ramo del papel sellado que muy bien darán lo suficiente a dicho fin. Mas, si esta última consideración pudiera influir para la negativa, que no es de esperarse, los aspirantes a la nueva provincia, no tendrían a mal, que de sus fondos municipales se hiciesen las erogaciones que por su naturaleza se hayan adscritas a los gastos nacionales, pues de seguro, organizado acá el sistema rentista como mejor conviene a estas localidades, sus producidos, a más de cubrir sus gastos naturales, alcanzarían para hacer los que tocaran a la Nación respectivamente a la provincia Torbes.

No obstante, sobre la hipótesis de que el argumento de quedar Mérida reducida a la nulidad, no pareciese refutado, perfectamente con lo expuesto, ¿fuera justo que tal consideración llegase a influir en perjuicios de estos pueblos? ¿ de estos pueblos, que pueden bastarse a sí mismos, que tienen la necesidad de un Juez de Provincia que administre la justicia a su inmediación por ser inconveniente y hasta ruinosa la dependencia del que existe en Mérida, de pueblos que desean emplearse en la labor de su propio bien, proveyéndose de buenas vías de comunicación, hoy descuidadas, facilitándose un puerto propio para la exportación de sus frutos que al presente se hace por el extranjero, y por último, que lugares que bajo todos respectos se hayan en capacidad de figurar como Provincia, fuera justo que continuasen siendo lo que hasta ahora son, pupilos de una metrópoli, cuya política centralizadora se opone a cuanto acá pudiera conducir al progreso a que todo país debe aspirar?. No, no sería justo. Excentísimo Señor, ni el Congreso sería consecuente con su noble proceder, si desoyese la presente petición, después de haber concedido la erección de las provincias de Aragua y Guárico, desmembrando la de Caracas y la de Portuguesa, cuyos pueblos pertenecían a la de Barinas. Tales ejemplos y los que arroja la historia de otras naciones robustecen más y más las fundadas esperanzas con que impetramos del Congreso, no una gracia, sino el ejercicio de un deber de justicia y de reconocida utilidad para toda la República, la cual, acreciendo el número de sus Provincias, acrece también los medios de su engrandecimiento y estabilidad.

El siguiente mes de marzo el Cabildo expone:

“El Concejo que habla da punto a su justa demanda, haciendo votos porque la Legislatura Nacional de 1855 tenga a bien registrar entre sus más importantes trabajos, entre aquellos que más popularidad darán a sus augustos actos, el que decreta la erección del la “Provincia Torbes”.

San Cristóbal, marzo 2 de 1855. El Presidente del Concejo ANTONIO MARÍA GATELL. El Concejal Primero LEON CARIDAD. El Concejal Segundo JOSE MARIA CONTRERAS. El Concejal Quinto JESUS CONTRERAS. El Procurador Municipal DOMINGO MARTIMEZ. El Secretario Municipal AGUSTÍN ARIAS”

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R de V. Presidencia del Concejo Municipal del Cantón. N ° 30. San Cristóbal, 27 de abril de 1855, 26 y 45. Excelentísimo Señor Presidente de la República.

El Concejo Municipal del Cantón San Cristóbal que tengo el honor de presidir, ha acordado, en sesión extraordinaria de hoy, lo siguiente:

“Siendo probable que el proyecto de Decreto presentado por varios HH RR en la sesión de 20 de marzo último, creando la nueva Provincia del Táchira, haya de paralizarse por falta del respectivo informe que la Honorable Diputación de Mérida debe evacuar con arreglo al artículo 87 de la Constitución, y considerando: que este requisito no ha podido obtenerse porque la expresada Diputación, que en noviembre último ha debido reunirse, no lo ha verificado aún, y que es de temerse, que instalada, esquive el cumplimiento de la obligación que le impone el mencionado articulo constitucional por estar opuesta en mayoría a la desmembración de la actual Provincia, se acuerda: Primero que por la Presidencia}

del Concejo se ocurra a S. E el P. E. pidiendo tenga a bien exigir de dicha Diputación el precitado informe para que el sea precisamente elevado al Congreso en sus sesiones de 1856; 2 ° que para el caso de que este se halle aún reunido se haga igual solicitud ante la Honorable Cámara de Representantes y 3 °, que por parte del Concejo continúen haciéndose las diligencias, que se hallen dentro del circulo de sus atribuciones legales, hasta alcanzar el importante fin de segregar estos pueblos de la actual Provincia de Mérida.”

*** Y para finalizar, el presidente del cabildo de San Cristóbal firmaba así:

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“Lo que tengo el honor de elevar al conocimiento de V S por el órgano regular, para los fines que se expresan, permitiéndome añadir: que en 1853 informó este Concejo a la Honorable Diputación la necesidad de que ella solicitase del Congreso la creación de la nueva Provincia Táchira, y que la Diputación se negó abiertamente a considerar la materia, pretermitiendo hasta la cortesía de acusar recibo de dicha petición; proceder de que se despende la presunción a que el Concejo alude en el acuerdo inserto, y que someto a la preclara inteligencia de V S, robusteciendo la solicitud mencionada. Con sentimientos de alta estima sucríbome de V E muy adicto y obsecuente servidor, Excelentísimo Señor. ANTONIO MARIA GATELL”.

El Informe Castelli

A esta solicitud tan explicita y razonada se vendría a sumar el informe que a la Secretaría del Interior había dirigido el Plenipotenciario ante el gobierno de la Nueva Granada general Luis Castelli, informe fechado en la ciudad de San José de Cúcuta el 5 de abril de 1855. Dada la importancia de este Informe y su directa efectividad, es conveniente detenerse un momento en la biografía de su autor:

Luis Castelli nació en Turín, Italia. Amante de la carrera de las armas, ingresó a los servicios del emperador Napoleón Bonaparte. Venido a América, fue un gran prócer de la Independencia neogranadina y estuvo en grandes momentos de la gesta emancipadora de Venezuela. Fue nombrado Cónsul de Cerdeña en Venezuela por el rey. Recibió la condecoración Orden de San Mauricio de Víctor Manuel II. En 1855 fue nombrado Ministro Plenipotenciario de Venezuela en la Nueva Granada. Su hoja de servicios había señalado heroicidades en compañía de Bolívar en la campaña desde Haití en 1816, y acciones de guerra con Mac Gregor y Páez., entre otros paladines. Combatió en la Batalla de Carabobo en la División al mando del general José Antonio Páez. Por todas estas hazañas se hizo acreedor a la Cruz de los Libertadores de Venezuela. Había hecho grandes servicios en las Provincias de Mérida, Antioquia y Maracaibo y ya en la vida republicana colaboró eficazmente a las órdenes de Páez, Soublette y José Tadeo Monagas. Sus restos reposan en el Panteón Nacional.

En su importantísimo Informe el general Luis Castelli pormenorizaba con gran razonamiento analítico las anteriores intenciones señalando algunas divergencias políticas que con frecuencia acaecían entre las regiones oriental y occidental de la Provincia de Mérida y, a más de ello, recomendaba cuál debería ser la capital de la nueva Provincia Se considera, igualmente, el informe de Castelli, como muy decisivo para la creación de la Provincia del Táchira.. Decía Así Castelli: “La villa de San Cristóbal, en la cual demoré más de un día está llamada a ser la capital de la nueva Provincia que ya se conoce en esperanzas con el nombre de El Torbes, es una población que ha adelantado rápidamente hasta triplicar su caserío y su importancia desde los años que la vi, y que actualmente es un centro activo de comercio rodeada de numerosas plantaciones que embellecen notablemente sus alrededores”

El anhelo político territorial se hace realidad

Solicitudes de los restantes Cantones de Lobatera, La Grita y San Antonio y la realidad histórica que se vivía, motivaron al Congreso Nacional a decretar la Provincia no del “Torbes”, sino la Provincia del “Táchira” el 11 de marzo de 1856. El ejecútese a ese

Decreto de creación fue puesto por el Presidente José Tadeo Monagas el 14 de marzo de 1856, gloriosa fecha que se luce en nuestro Escudo del Estado Táchira.

Recapitulando, “la Provincia del Táchira fue creada el 14 de marzo de 1856 por Resolución del Congreso Nacional con el territorio ocupado por los Cantones occidentales de la que era por entonces Provincia de Mérida: La Grita, Lobatera, San Antonio y San Cristóbal. Su capital fue San Cristóbal. Según Agustín Codazzi, su extensión era de 404 leguas cuadradas, unos mil seiscientos kilómetros cuadrados, aproximadamente; sin embargo, un cálculo posterior en 1867 le daba una extensión de por lo menos 30% más de superficie. En la Ley de División Territorial de Venezuela, sancionada el 23 de abril de 1856, quedó constituida en : Cantón San Cristóbal, con las Parroquias San Cristóbal, Táriba, Capacho y Guásimos,(cabecera San Cristóbal); Cantón Táchira, con las parroquias San Antonio, Rubio y Ureña,(cabecera San Antonio); Cantón Grita, con las Parroquias La Grita, San Pedro, Pregonero, Queniquea, Vargas y Caparo (cabecera, La Grita); Cantón Lobatera, con las parroquias Lobatera, Constitución, San Juan y Michelena,(cabecera, Lobatera). El 21 de marzo de 1863, al proclamarse la Federación y mediante Decreto expedido por el general Juan Crisóstomo Falcón, la Provincia del Táchira se une a las de Maracaibo, Mérida y Trujillo para formar el Estado Zulia; el 13 de agosto siguiente, todavía en calidad de Provincia, el Táchira eligió cinco diputados para la Asamblea Constituyente. Tenía ese mismo año una población de 68.619 habitantes. Se le empezó a llamar Estado Soberano del Táchira, hasta el 23 de noviembre de 1863, cuando un Decreto del General Falcón lo declaró Estado Táchira, denominación que fue confirmada el 28 de marzo de 1864 cuando la Provincia del Táchira desapareció, al declarase la conversión en Estados Federales de todas las Provincias, según la sección uno, artículo uno de la Constitución.”

El 30 de mayo de 1856 se dicta el Decreto reglamentario de la Ley de División Territorial de la República, la cual ratifica la Provincia del Táchira formada por los cuatro Cantones, Decreto que ordena que desde el 1 ° de Julio próximo quedará dividida la actual Provincia de Mérida en la de este nombre y la nueva del Táchira. Es cuando se designa a don Pascual Casanova como Gobernador de la misma entidad.

La Instalación

Una vez aprobada la Provincia, se procedió a su instalación. Se designó su primer Gobernador que como se ha dicho fue el zuliano Don Pascual Casanova, que con anterioridad había prestado servicios al Táchira. Su Secretario fue el honorable señor Foción Febres Cordero.

Siguiendo al investigador Elke Nieschulz de Stockhausen, don “José Pacual Casanova Zedeño- homónimo del Presidente de esta docta Academia, doctor José Pascual Mora García - nació en Santa Bárbara del Zulia el 23 de marzo de 1817.Fue abogado y político. Hijo de Felipe Casanova y de Rosa Cedeño. Inició su carrera política en las filas del partido liberal, a partir de 1840. Jefe Político del Cantón Zulia en 1848, fue Presidente de la Cámara de Representantes, en cuyo cargo le tocó firmar el Decreto de creación de la Provincia del Táchira, la cual hasta ese año, había formado parte de la Provincia de Mérida. Fue el primer Gobernador de la recién creada provincia. Se ocupó de la organización político-administrativa de la misma; uno de sus primeros actos fue ordenar la fundación del periódico “El 14 de Marzo,”órgano oficial del nuevo gobierno provincial y cuyo título recordaba la fecha del Decreto de creación de la entidad. Senador por el Táchira en 1857, fue Vicepresidente de la Cámara del Senado. Durante las sesiones de la Convención de Valencia de 1868, se destacó por su ferviente defensa en pro de la aprobación de un Decreto de Amnistía para todos aquellos ciudadanos que habían sido proscriptos durante el gobierno de los Monagas. Poco tiempo después, se retiró de las actividades públicas a las que sólo volvió a reincorporase después del triunfo de la Guerra Federal, en 1863, cuando fue electo Diputado por el Estado Trujillo. Luego fue sucesivamente: miembro del Consejo de Administración y Presidente del Estado Táchira en 1864; Senador por el Estado Táchira en 1866, Senador por el Estado Portuguesa y Miembro de la Alta Corte Federal en 1870 En diciembre de 1876 celebró un contrato con la Asamblea Legislativa del Estado Trujillo a través del cual recibía en arrendamiento las minas de petróleo que pudieran existir en el antiguo Cantón Escuque, por el término de veinte años. Por primera vez en un contrato de este tipo se toman dos previsiones: se establecería un lapso de tres años para comenzar los trabajos, lapso durante el cual se podría emprender la exploración en busca de petróleo, y se disponía que, vencido el término del contrato, pasarían a la propiedad del Estado las maquinarias y vías de comunicación instaladas. Este contrato, uno de los primeros de su género firmados en el país, no llevó a ninguna realización concreta. Hoy lo consideramos como un preludio de la fundación de la Compañía Minera Nacional Petrolia del Táchira. En 1873, Casanova fue Miembro de la Comisión redactora del Código de Hacienda y, en 1889, desempeñó la cartera de Relaciones Exteriores durante pocos meses”

Anteriormente don Pascual Casanova había sido Concejal del Distrito San Cristóbal. En tal condición había acompañado al Jefe Político del Cantón y Presidente del Concejo Municipal, señor Agustín Arias junto con el Procurador Antonio María Gatell a realizar unas visitas a las escuelas en 1850.

Se dispuso el día 1 de julio para la solemne instalación de la Provincia del Táchira. Una vez en Táriba. Don Pacual Casanova pronunció estas palabras en la plaza: “ Yo le he dado todo a la Provincia del Táchira, porque le he dado mi corazón y le he dado todos mis esfuerzos para la realización de sus deseos y sus esperanzas”.

El ungido gobernador pisó la villa por la Ermita y el día 30 de junio de 1856 un pequeño grupo musical le acompañó en desfile hasta la Plaza Pública, según apunta el Dr. Luís Hernández Contreras. En la Iglesia Matriz de San Cristóbal se cantó el solemne Te Deum de la instalación de la Provincia. Estaban allí el Gobernador, Don Pascual Casanova, su Secretario don Foción Febres Cordero, el Presidente del Concejo Municipal, ciudadano don Jesús Contreras, el tren de empleados públicos y gran multitud del pueblo tachirense.

Al comenzar las gestiones presidenciales, don Pascual Casanova y don Foción Febres Corderos empezaron en sus oficios a darle el título de ciudad a San Cristóbal, título que antes se había acordado, pero que nunca se había llevado a efecto. Se inició entonces la administración y el desenvolvimiento de la nueva Provincia. El 11 de diciembre de 1856, Pascual Casanova, de acuerdo a lo dictado por el Secretario de Estado en los Departamentos de Interior y Justicia, designa a Domingo Martínez Gobernador de la Provincia.

Vemos nuevamente a don Pacual Casanova en unión del Pbro. Dr. José de la Concepción Acevedo esparciendo auxilios y lenitivos materiales y espirituales a San Cristóbal y al Táchira después de la espantosa catástrofe del Terremoto del 18 de mayo de 1875. Don Pacual Casanova murió en Caracas, el 23 de septiembre de 1899.

Epílogo renacentista

La creación de la Provincia del Táchira fue simultánea en nuestro territorio, especialmente en la ciudad de San Cristóbal, con un renacimiento y engrandecimiento en todos los niveles de la actividad pública. Este desenvolvimiento majestuoso se ha venido sosteniendo de una manera continuada, como se vio en el lapso 1952 - 1957 y, hoy día, al cumplirse este Sesquicentenario, el Táchira es una de las regiones más prósperas y adelantadas de Venezuela. Porque desde 1856 es verdaderamente asombroso el desarrollo y desenvolvimiento que ha tenido nuestro estado en todos sus órdenes.

Pero nunca se ha visto tanto adelanto como ahora. El auge de la ciudad de San Cristóbal ha sido excepcionalmente positivo. En el Táchira han nacido hombres como Pedro María Morantes, Emilio Constantino Guerrero, Abel Santos, Antonio Rómulo Costa, Samuel Darío Maldonado, Amenodoro Rangel Lamus, Carlos Sánchez Espejo, Nelson Arellano Roa, Aurelio Ferrero Tamayo, Rafael María Rosales, Horacio Cárdenas Becerra y tantos más que han asimilado una cultura telúrica, nacional y universal respetable y la han sabido difundir dentro y fuera del país El Táchira ha dado seis Presidentes de la República que han conducido a Venezuela por rumbos firmes de seguridad política y material. La Biblioteca de Autores y Temas Tachirenses del doctor Ramón J. Velásquez ha universalizado nuestro pensamiento. Su numerosa juventud, sus múltiples casas universitarias y las extensiones de éstas por las diversas ciudades del interior del estado, proclaman un futuro muy promisorio y próspero. De estas universidades han salido famosos profesionales que actualmente ocupan sitiales de primera gerencia en empresas y casas fundamentales y prestigiosas del país. Nuevas ideas enmarcadas ellas dentro del ideal democrático y bolivariano, hacen que el porvenir de nuestro estado, antigua Provincia del Táchira, sea uno de los más ejemplares y resplandecientes del país.

Con estos sentimientos, con estos ejemplos y sentido de seguridad, el Táchira sigue su rumbo hacia el futuro con fe, con esperanza, aún cuando sin saber de lo que acaecerá en los siglos por venir. Es el sentimiento del profeta Daniel según revela su Capítulo XII, verso 8::

“Et ego audivi, et non intellexi. Et dixi: ¿Domine mi, quid erit post haec? ( Y yo lo oí, y no lo entendí. Y dije: Señor mío, qué acaecerá después de estas cosas? )






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